Tengo que confesarte algo, mi amor: Soy un triste soñador.
Mi vida es muy difícil. Tengo un cerebro lleno de curiosidad. Todas las mañanas me levanto preguntándome cuán misteriosa es la vida. Qué insaciable inquietud me despertará hoy. ¿Hacia dónde me llevarán las sombras de la incertidumbre esta tarde. Que terrible cuestión me agitará el alma y me arrancará el sueño? Es una maldición y desafortunadamente no parece haber remedio. Tengo el alivio de encontrar un leve respiro de cada síntoma en estas letras, estas letras, las cuales lees desinteresadamente.
Pero lo que me embarga hoy no es más que esa maldita espina, ese Cáncer que supone decirte todo lo que siento. No parezco encontrar, en ningún diccionario, la fórmula correcta o la sustancia correspondiente. Por eso mejor cambiaré de idioma y te hablaré en uno mucho más simple, el lenguaje de los sueños. Aquel que cada hombre y cada mujer ha hablado por lo menos alguna vez en su vida.
No me considero muy distinto a los demás, excepto en una sola cosa. Tengo el mal capricho de fantasear despierto cada día. Es algo que no puedo evitar. Me corroe la necesidad de crear historias e inventarme cuentos. Y déjame te cuento uno.
En uno de esos extraños sueños que hoy parecen muy lejanos, me encuentro pensando en otros mundos, en otras vidas. Imaginando que existe otro universo en el que no estás a mi lado. Uno en el que un corazón ha nacido dividido, enfermo, fragmentado. Condenado a la añoranza. Uno en el que te busco desesperadamente, encontrándote en cada resquicio de belleza, en esa vieja melodía, en ese intenso resplandor, en aquel purpúreo atardecer; en la copa de un árbol, en el canto de un gallo, en la superficie del lago al romperse cuando la lluvia entra en contacto; te encuentro en casi todos lados. Sobre todo en aquel diminuto pedazo de cielo azul, en aquel pequeño punto, que es más hermoso que cualquier otra cosa que haya visto nunca.
Profundamente dormido, me imagino un universo en el que volteo al cielo y me siento por fin completo. Si lo piensas bien, ese universo no es muy distinto al nuestro.
Te amo, ojitos color café.
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