miércoles, 12 de febrero de 2025

LA BOTA QUE EL TRABAJADOR AMA LAMER



   Llevo poco más de un mes de haber dejado mi último trabajo, y aunque no dure bastante en él, la experiencia que obtuve fue muy gratificante. Me pude dar cuenta de muchas cosas significantes que envuelven la experiencia tanto de buscar un trabajo como el de conseguir uno y el de mantenerse en él; aspectos que toman especial y profundo sentido cuando se es un joven en la primera mitad de sus 20 buscando hacerse un hueco en el mundo adulto a la vez que trata de definir quién es y cuál es su lugar en este complejo sistema de existencia que llamamos vida.

    Puedo decir que en general fue una muy grata temporada, si hacemos cuentas no tan estrictas se puede decir que estuve laborando alrededor de unos 5 meses. No es secreto para muchos pero el puesto era como ayudante general en una super-farmacia, mis tareas eran de los más diversas, básicamente mi prioridad era ser cajero a la vez que mantenía toda la tienda a flote para su correcto funcionamiento diario. En general, y hoy en retrospectiva, puedo decir que no era un trabajo agotador, en esencia todo se reducía a poner buena cara y ser amable con los clientes mientras esperabas a que una autoridad directa te nombrara los pendientes que realizarías durante tu turno, eso sí, cuidando en todo momento con extrema vigilancia y atención que dieras el cambio exacto y no te robaran alguno de los artículos controlados que se contabilizaban al comenzar cada nuevo horario, mismos como lo eran los cigarros, las baterías, los juguetes o medicamentos; entre otros dependiendo del lugar donde estabas. Las tareas generales, como dije, no eran cosa del otro mundo, básicamente consistían en acciones de acomodo, limpieza, etiquetaje; el estar pendiente de surtir, clasificar, retirar caducidades o estar al tanto de producto dañado o mal ubicado. También, dependiendo del turno, tenias tareas especiales que le atañían solo al personal que laboraba en ese horario. Por ejemplo, para los que trabajaban en turno matutino correspondía algunas tareas específicas como el hornear pan o tomar e imprimir fotografías; para aquellos del turno nocturno correspondía el resurtir material y producto de almacén para toda la tienda ya que eran el turno con menos afluencia. Para los del turno vespertino no había tarea especiales en sí, pero el trabajo era difícil por las horas pico entre que trabajaban, ya que tenían que soportar la mayor cantidad de clientela de los tres turnos totales. La frecuencia en que te cambiaban era arbitraria, no había un reglamento que estipulara el tiempo límite que debías pasar en cada turno, simplemente el jefe responsable de elaborar cada semana las rutinas y grupos de trabajo te asignaba uno u otro dependiendo de muchos factores, como lo pueden ser la cantidad de personal disponible, los permisos semanales otorgados, las faltas o retardos que tuvieras, las fechas con eventos específicos como el inventario trimestral o las visitas de supervisión, o bien, la química que se tuviera entre compañeros y la capacidad que tuviera uno u otro para realizar una u otra labor. En ese aspecto, como en algunos otros, puedo decir que tu desempeño, a pesar de serlo en una muy mínima cantidad, si denotaba o influía en el tipo de trato que recibías dentro de la empresa. Que es ahí a donde me gustaria llegar; o mas que nada, hacia donde me gustaría que se dirigiera este texto en particular, que al leerlo se entendiera no como una experiencia único o individual, sino como una narración sobre el mundo laboral y el trabajo asalariado con el que cualquiera en una situación similar próxima o presente pudiera establecer un vínculo.

Siguiendo con la descripción; todo pareció ir bien encaminado en un principio. En lo personal, sinceramente desde el comienzo para mi significo algo mucho mayor y más allá de ser un espacio donde ocupará parte de mi tiempo diario en algo que se considerara productivo, donde consiguiera algo a cambio (dinero y experiencia); lo veía como algo que me iba a remunerar más allá de eso, sobre todo por que yo sentía que necesitaba algo así, que era hora de afrontar cierto límite autoimpuesto. Pero de eso hablaré más adelante, por lo pronto me consignare a lo primero que comenté. Hoy en día, y creo que desde que vivimos en esta clase de sistema, se ha creado y se mantiene cierto tipo de presión ejercida vorazmente por incluir a las personas desde edades cada vez más prematuras al sistema de actuación social-laboral. Desde que eres un niño se te inculca casi coercitivamente en que tu destino final o tu propósito ulterior es educarte apenas lo suficiente en materia de vida y conocimiento general para poder conseguir un trabajo donde rendirás tu vida entera; un sitio y un oficio al que le entregaras tus aspiraciones, deseos, potenciales y casi todas tus capacidades sin atisbo de duda o incertidumbre alguno. Se te dice que naciste para ello, que es parte de la vida, se te dice que es algo NECESARIO; y para tu desfortuna y la de todos, creo que no se equivocan, de hecho, no solo tienen razón, si no que tienen la verdad en sus manos.

    Hay personas, inclusive estudiosos en materia de psicología, conducta y pensamiento humano, que dicen que el trabajo es algo que nos identifica. ¿A qué me refiero con esto?, pues la mayor parte de personas con las que podrías tener ocasión de topar o escuchar en tu vida, tanto sean estudiosos como los que no, pueden convenir en que el trabajo es algo que te define, que forma gran parte de lo que eres, es una dimensión más de las que integran tu vida, con casi tanta importancia como la puede tener cualquier otra; ¿es acaso que no has escuchado tópicos y conceptos que han adquirido especial relevancia los últimos años? conceptos como lo son "salud laboral", "estatus social", "autorrealización", "alienación social y laboral", "capital humano", "vocación", "reconocimiento", "ética de trabajo"; entre muchos otros. Ahora bien, ¿por qué es de esta manera?; bueno, la respuesta es mucho más sencilla de lo que te puedes imaginar; apuesto hasta que tú mismo tienes una definición propia con argumentos sólidos o en gran medida creíbles. El trabajo, es y ha sido desde hace ya bastante tiempo, uno de los principales (si no el que más), medios a través de los cuales nos relacionamos e intercambiamos información y experiencias con el mundo, a través del trabajo conectamos con una infinidad de categorías y conceptos que a primera vista pueden parecer inagotables. El trabajo interviene en gran medida con criterios a través de los cuales juzgamos y valoramos nuestra calidad de vida, en un sistema como el actual, podemos establecer que tanta capacidad de ser persona tiene alguien a través de lo que le ha dado a su trabajo y que tanto este le ha devuelto. A través de este se construye un cantidad tremenda de cuestiones y valores que influyen tanto directa como indirectamente en tanto en cómo nos percibimos a nosotros como el cómo observamos lo que está a nuestro alrededor. Solo por dar un ejemplo, nuestra profesión u oficio puede intervenir en nuestra aptitud para establecer y describir nuestra autoimagen y nuestro sentido de función, rol o propósito; muchas personas encuentran una especial satisfacción en utilizar esta categoría para presentarse ante el mundo, por eso es que escuchas a muchos proponerte el típico: "soy escritor", "soy medico" o " soy ingeniero", o lo que sea que sea a lo que se dediquen. Además, el trabajo interviene directamente en nuestro desarrollo de vida, es por el que adquirimos y reforzamos una amplia muestra de habilidades, técnicas, competencias y valores tanto propios como interpersonales que moldean nuestra forma de ser y nuestro potencial de seguir desarrollándose y desenvolviéndose. Por último, y vuelvo a lo mismo; en un SISTEMA como en el que vivimos, nuestro trabajo es una de las principales maneras en que establecemos y mantenemos un vínculo con nuestra sociedad y nuestra cultura; de hecho, es una relación bilateral, los roles y juegos sociales en combinación con la cultura a la que pertenecemos, crecimos y nos desenvolvemos construyen nuestra capacidad de ser y a la vez desarrollan en nosotros el individuo que será capaz de, a su manera, poner su grano de arena en el proceso de transformación social y cultural tan perenne como lo es el humano. Dicho por esto y por mas cosas que en una múltiple y vasta bibliografía en la que podríamos encontrar información referente al tema, se puede decir que el trabajo es un eje central de nuestra vida y juega un papel importantísimo en la organización y evolución de la sociedad actual.+

    Por lo mismo es que se puede entender esa presión voluble, presente en todo momento y que se incrementa cuando te acercas a la mayoría de edad. Cuando rondas esta etapa está ya tan incrustada en tu vida que es casi posible el palparla. Se te instiga a tomar decisiones que en todo momento y en cierto carácter parecen ser siempre precipitadas y por lo tanto erróneas en su mayoría. ¿Qué cantidad tan grande no existe de personas que estudian o se prepararon para trabajar en cosas que detestan o que no les gratifican personalmente?; esto me resulta algo sumamente triste, y mas triste aun, por engaño social, algo necesario, alguien tiene que hacer ese trabajo que nadie quiere hacer, y aunque tal vez no lo queramos hacer por que nos encontramos alienados y sin animo al observar las mínimas "recompensas" con las que somos "beneficiados". Pero bueno, eso es tema para otra ocasión, basta con ceñirse a esta fea concepción de que, ese inminente choque con la vida laboral adulta, es un evento revolucionario y único en la vida de cualquier persona, es como se dice en la juega de redes sociales hoy día: "es un evento canónico"; tal cual puede serlo la adolescencia, la crisis de la mediana edad o el afrontamiento de la "cercanidad" de la muerte en la vejez. A su vez, creo que es triste que se hable tan poco de ello, al contrario, me resulta de pésima costumbre que hasta sea un tema desdeñado, que si te quejas o levantas la voz en pro de expresar lo que sientes y la situación en la que tu o muchos se encuentran, se te silencie, se te tache de conformista y hasta de flojo y se te mande a callar con nula replica consciente o útil. Creo que si existe una problemática, y que no se soluciona o no se logra avance no solo por que vivimos en un mundo fragmentado y ultra-competitivo, sino además, por que no se habla ni se conversa diligente y abiertamente sobre el tema. En esta cuestión, como en muchos otros problemas tanto de salud como sociales, no es que no exista la capacidad de palabra, es que no se le da oportunidad ni espacio al diálogo, y por lo tanto, se vuelve un tabú, una tradición sucia, un asunto más de incomprendidos y desviados sociales. Mi consejo, querido lector, es que no te lo calles, toma el ejemplo de las grandes figuras, si tu voz es un fuego que despierta la furia de aquellos a quienes el incendio de tus llamas quemó y derrumbó las estatuas o símbolos que adoraban con una vehemencia sin juicio, quémalas, quema y sigue quemando, quémalo todo, hasta que no quede nada, hasta que en medio del humo y cenizas, entre gritos y lágrimas de lamento, tu voz por fin sea escuchada.

    Bien, ahora si volviendo una vez desviados enormemente de la línea de eventos principal; el trabajo no fue para mi en su primer atisbo una forma de obtener recompensas materiales, en resumen, no lo hacía por dinero, ni por cuestión de estatus, ni siquiera por currículum ni como un tipo de actividad ocupacional. Llegue a una línea de preocupación sometido a esa presión que se ceñía sobre mi que alteró mi sistema por completo, sin embargo no me quise someter por completo a las expectativas que se tenían sobre mí, quise, de alguna forma, hacerlo a mi manera, romper límites como un joven completamente ignorante de sus circunstancias y de las posibles consecuencias de sus actos. Quería probar el regusto minimizado de lo que significaba "buscarse la vida", "buscarse un camino". Obviamente, no soy del todo un idiota, estaba sumamente protegido, y esa sensación de seguridad hizo que todo mi comportamiento y reflexiones en cuanto a mi tiempo alli estuvieran condicionadas por ese aparente "bote salvavidas" que tenia siempre presente. Esa ruta de escape, aunque ahora veo que dirigía a un camino allanado y desierto con tantas y hasta más complicaciones de las que tenía antes, me hacía preservar mi sentido de orgullo y obstinación, siempre me dije que era algo temporal, y así fue.

    El trabajo fue de menos a más, fueron un cúmulo de pequeños bultos de particularidades que fueron añadiendo poco a poco más peso a la balanza que se inclinaba en mi contra. Cada día se fue haciendo más difícil el despertar y levantarme de la cama para encaminarme a mi rutina, todo se fue haciendo repetitivo y hasta cansado de soportar, y esa motivación primordial que encontré en un principio se fue recluyendo a un pozo cada vez menos alcanzable. Fue así hasta que llegó el tiempo en el que el esfuerzo de soportar la dolencia que suponía sumergirme en él se hizo más grande que la mínima y "migajienta" recompensa que obtenía tras volver magullado al final de cada jornada. Se convirtió en un martirio el vivir diario, y aún hoy día me resulta confuso y nada claro el discernir por qué. Decidí bajar unas cuantas velocidades, para marcha en muchos aspectos, cada vez el llamado que clamaba desde más allá de la puerta de salida me seducía cada vez mas y mas, hasta que sin el más mínimo reparo, tras días de considerarlo, decidí tomar la ruta fácil y renuncié en buenos términos. Hace ya un mes de eso.

    Hoy puedo decir que en 5 meses aprendí una considerable cantidad de cosas que considero serán de gran importancia para toda mi vida, jamás voy a olvidar ese tiempo encerrado entre las paredes blancas y derruidas de la vieja farmacia, y me gustaria pensar que jamás olvidare a las personas con las que compartí ese tiempo, sin duda causaría gran satisfacción en mi el poder agradecerles lo que fueron para mi, espero algún día tener la oportunidad de hacerlo, y si se me presenta, espero no desaprovecharla. De todas esas lecciones, dos fueron las que me motivaron a realizar esta entrada, pues se imprimieron detrás en mi cerebro, en ese lugar herrumbrado que las ideas allanan provocando una sensación de picor molesto e incesante que te embarga el pensamiento hasta que eres capaz de ponerte manos a la obra para sacarlas de tu sistema. Esta es mi forma de hacerlo. No quiero que se tomen estos dos planteamientos como consejos, ni tampoco como aprendizajes compartidos, para nada. Me gustaria que ante todo sean una constancia tacita de pensamientos que resumen mi experiencia allí, que resuman una etapa cerrada de mi vida, algo así como lo son los tatuajes, símbolos breves que encapsulen y representen con fidelidad y compleja autenticidad un momento en el que me sentí realmente vivo, por eso hago esto, por eso los comparto. Por eso y por que no tengo otra opción querido lector, para personas como yo, alcanzar la pluma y el papel es la única manera de hacerlo.

    La primera, y que considero más general, fue que parte de convertirse en adulto es comprender que vas a ceñirte a a cumplir y desempeñar una función en el mundo, y que en muchas ocasiones (la mayoría), esta función será desagradable. Muchas veces será por que te fue impuesta, tal vez porque no había otra alternativa palpable o por que alguien más te forzó a tomarla; en otras ocasiones será por que fue una decisión tomada de una manera inconsciente o en respuesta a tus acciones del pasado; casi como una penitencia por tus buenos o malos actos. Además, esta función puede ser desagradable por el simple hecho de serla en sí o puede que no lo sea del todo, pero que aun así, a pesar de estar conforme con tu rol, algunos aspectos o conexiones que este traiga consigo si puedan serlo, por lo que al final de cuentas parecerá que, aunque cumplas el rol o la función perfecta que estuviste predestinado a cumplir sea imposible escapar de estas partes repugnantes que parecen ser parte de la vida. Bajo esta premisa permíteme hacerte una aclaración que tal vez no sea del todo reveladora ni de tu agrado, lo son, son intrínsecas, la vida es injusta, la vida es un desafío, la vida no es bonita en la mayor parte de su superficie, es así y hay que aceptarlo, y más que aceptarlo, hay que tolerarlo; exactamente eso es lo que aprendí, convertirse en adulto (y de madurar) es comprender y aceptar que hay y habrá muchísimas cosas en la vida, sobre todo en tu día a día, que tendrás que tolerar. Ser adulto es abrazar la tolerancia como un hábito, como una forma de vida, y esto no quiere decir que sea algo malo, al contrario, la tolerancia será una herramienta fundamental que a través de los caminos inexplorados por los que te llevará la vida te ayudará a encontrar cosas verdaderamente valiosas a diferentes tramos y puntos del trayecto. El trabajo me llevó a detestar formas y estilos de vida que adopte, y tras reflexionar me di cuenta que como yo quizá haya una cantidad impensable de personas que no solo se encuentren en la misma situación que yo, si no en una mucho peor, en ese sentido soy un privilegiado. Y en esa reflexión me di cuenta que a pesar de todo la gente seguía allí, fuera por una u otra razón; y lo que las mantenía allí era su capacidad adulta de tolerar la afrenta, tolerar el trabajo, tolerar el volver a casa insatisfecho, cansado, con la espalda echa pedazos; ¿por que?, porque tenían ante todo, una razón para tolerar.

    La segunda, y que considero más importante, viene de la primera. En una de las obras de Neil Gaiman, en su dedicatoria, leí un pensamiento que ha influenciado mi forma de ver la vida en gran medida, y además creo que es verdad. Esta dedicatoria nos sugiere que, para todas las personas debe haber cosas en las que creamos, y dentro de esas cosas en las que creemos, debemos pensar que hay cosas que creemos que son reales; y mucho más allá de eso, dentro de esas cosas que creemos que son reales, debe haber cosas que creamos que son importantes. Yo considero esta una de ellas. Parte de convertirse en adulto es adoptar una tolerancia severa, sabernos alejados del centro del universo, confirmar que no somos más que un grano de arena que conforma la vastedad de una playa, que lo que nos gusta, lo que preferimos y lo que no, no es solo más que una parcialidad propia, existe un mundo totalmente ajeno al nuestro, y este puede ser tan bello y corrupto como lo puedes imaginar. Abrirse a la oportunidad de aceptar y convenir con éstos es parte de la vida, y la tolerancia será una excelente guía que determine qué tanto podemos conocer y aprovechar esos mundos fuera del nuestro. Pero más allá de eso, hay algo que considero importante y aprendí gracias a mi experiencia entregando mal el cambio en muchas ocasiones y echando a perder una buena camisa que me costó casi la mitad de un cheque limpiando estantes que al siguiente día estarían igual de podridos y desordenados. Aprendí que en la vida adulta hay límites, límites de lo que hay que tolerar.

    Como mencione en la cita que introduce al párrafo anterior, en la vida debemos pensar que hay cosas que creamos que son reales, y además de ser reales, debemos creer que son importantes. Hay cosas en la vida de que cada persona que creo no es hasta que somos adultos o nos encontramos en ese proceso de serlo en que cimentamos las cosas que creemos que son de verdad importantes, cosas por las que soportaremos, aguantaremos y toleraremos cada día, para cada quien son diferentes, tienen diferentes formas, tamaños y significados, para algunos hasta tienen dientes, algunos ladran, algunos maúllan; y para algunos otros hasta avisan cuando quieren ir al baño, cuando tienen hambre, te presumen cuando sacan un 10 en una asignatura, o hasta te dicen que te quieren. Independientemente de esto, todos tenemos razones por las que toleramos el sufrimiento, pero una cosa fundamental es saber cuánto o hasta donde podemos estirar la liga de lo que podemos soportar. En la vida hay límites, pero por encima de esos límites hay prioridades, cosas importantes por los que valoramos esos límites, en algunas ocasiones seremos capaces de ir hasta el extremo por ellas y en otras será algo poco o nada negociable. Considero que no debemos perder lo que no es importante por tolerar algo; hay que conocer los límites, establecer los propios, comprenderlos, vivir y navegar lo suficiente dentro para saber como y cuando es conveniente deshacernos de ellos, superarlos para después erigir nuevos y repetir el proceso. Hay cosas, que esta experiencia me enseñó, que creo son más importantes que el trabajo, tal vez el trabajo sea solo el medio a través del cual tu acercamiento a ellas es más posible y/o propició, el trabajo es importante, pero creo hay cosas más importantes, y tal vez estas te definan más y sean mucho más gratificante y tenga mucho más significado de lo que tiene tu trabajo en sí, o en dado caso, según quieras verlos, complementen el que este mismo tiene.

    Algo que valoro por encima de muchas cosas es la oportunidad que tengo de aprender algo, sobre todo me refiero a esas experiencias que te dejan "aprendizajes de vida", estoy seguro de que tienes alguna noción de a lo que me refiero querido lector. En la etapa en la que me encuentro, creo que no hay nada como el vivir abierto a eso, a toparse de lleno contra todo lo que se te ponga enfrente. No hay un camino correcto para seguir, y la incertidumbre que eso genera aterra y embruja la mente de miles y millones de jóvenes como yo, que si corremos o si nos estancamos, que mas da, simplemente tratamos de hacer las cosas lo mejor que podemos, nos equivocamos, nos levantamos y seguimos adelante sin importarnos del todo hacia dónde nos dirigimos, en el fondo ninguno tiene plena conciencia de hacia dónde se dirige. Creo que con el pasar del tiempo, tarde o temprano, una vez pasada nuestra juventud, voltearemos hacia atrás, y sin importar el lugar en el que estemos, con lágrimas en los ojos y unas cuantas canas nos daremos cuenta de que lo importante nunca fue saber hacia dónde nos dirigíamos, ni siquiera el elegir bien; lo importante fue haber tenido la oportunidad de estar ahí, sobre la trinchera al borde de la frontera enemiga, en tierra de nadie bajo un sol de verano abrasador, fuera solos o acompañados, en contra de un completo desconocido; sin miedo, o mejor aún, con todo el miedo del mundo, sin saber a que le plantábamos cara, armados solo con nuestros puños y dientes. Saber que estuvimos ahí...


Y qué peleamos.


    El título de esta entrada tiene una historia cercana y a la vez inconexa con el contenido de la entrada. Inicialmente planteé escribirla mientras me encontraba trabajando ya un poco harto del lugar en el que estaba. Planeaba quejarme de las condiciones de trabajo y toma de decisiones injustas a las que el trabajador es inevitablemente sometido; quería evidenciar lo que me estaba sucediendo, utilizar este medio para alzar la voz y descargar todo mi coraje y frustración que en esencia creo provenían más o se veían acrecentadas por otro efluvio no correspondiente a mi vida laboral. En fin, el título se mantuvo empolvado en mis viejas notas, nunca la escribí, el sentimiento se contuvo y fue madurando hasta convertirse en lo que hoy precede a este último párrafo, que toma una perspectiva y diverge en mares que considero mucho más profundos y sentimentales. Sin embargo, no estaría mal hablar un poco de esa otra cuestión en una próxima entrada. En el mundo actual, la situación que enfrentamos en cuanto a nuestra relación con el trabajo está en serio declive, cada vez estamos más alienados e inconformes y tiene que ver con causas mucho más grandes y ajenas a nosotros; y si de alzar la voz se trata, considero que no hay tema que no tenga espacio para el diálogo abierto. Las ideas son algo raro querido lector, nacen y mueren y lo que pasa en medio es aún un complejo e inadvertido misterio.


Para todos los que han sido mis compañeros, por cada turno que compartimos.

Una vez más, para Neil Gaiman, fuente de inspiración. Las personas cometemos errores y pagamos por ellos.


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