Siempre he pensado y dicho que no soy una persona que tiende a demostrar su cariño de manera pública; en cuestión de muestras de afecto tanto con parejas como con familia y amigos he sido muy reservado. Desde pequeño tuve un ambiente familiar donde se restringía esto, no se penaba o rechazaba, simplemente no era casi nada frecuente y de alguna manera he crecido así y a su vez he aprendido a lidiar y aceptar las consecuencias de ello. Dentro de lo que cabe me ha ido apenas bien.
Lo que se puede destacar es que estoy seguro de que de alguna forma esto influyó en mi desarrollo de la personalidad. De momento aun no decido si ha sido enteramente o en su mayoría para bien o para mal, lo que si, es que puedo decir que hay algunos aspectos de mi forma de ser, esencialmente en en la manera en que me relaciono con los demás, en la que me ha lastrado. Soy una persona que acepta ser un poco menos empática, solidaria, amigable y amorosa, y lo poco que he logrado avanzar en cuanto a esas habilidades interpersonales ha sido sobre todo a base de esfuerzo y esmero más que a un desarrollo natural. No me malinterpreten, me gusta como soy, y me desagrado no más ni mucho menos de lo que lo hace una persona promedio. Pero aun y con todo, me declaro un fiel defensor de que necesitamos utilizar cada vez más y en todo momento posible el amor como una herramienta de desarrollo personal y social, sobre todo en edades de primera infancia y niñez. Los beneficios que otorga creo que son mucho mejores y más provechosos para la vida posterior de lo que se puede imaginar de una persona que no lo obtuvo o le fue deficiente. La gente puede sobrevivir a convertirse en un ser egoísta, ególatra, narcisista, orgulloso y carente de apego; pero una existencia así es en diferente medida una existencia miserable. Como he dicho antes y lo repito, el amor tal vez sea una de las pocas armas que tenemos para enfrentar un mundo tan deleznable como en el que vivimos. Que importa al final de cuentas si crees que San Valentín es una mentira y un producto engañoso más del capitalismo para saciar su deseo de materializar en forma de capital tus sentimientos y buenos deseos; qué más da si rechazas y blindas todo ápice posible de estrategia comercial y forma de intimidación que amenaza tus vulnerabilidades, el sistema se rige y te controla igual. En lo personal, creo que la mejor forma de subvertir el desencanto que produce esta situación tan frustrante es darte la oportunidad de creer y sentir; no en lo que se te vende que es, si no en lo que en realidad es. En un principio no hay forma de saberlo, nadie sabe la manera correcta de amar, pero vale más el haberlo intentado y fracasar que el nunca haberse ofrecido la sincera oportunidad de equivocarse, o triunfar, dado sea el caso. Bien lo dijo un gran poeta que murió en la pena, el infortunio y el desamor, pero que no se puede negar que algo sabía sobre el tema:
"Querida, encuentra lo que amas y deja que te mate. Deja que consuma de ti tu todo. Deja que se adhiera a tu espalda y te agobie hasta la eventual nada. Deja que te mate, y deja que devore tus restos. Porque de todas las cosas que te matarán, lenta o rápidamente, es mucho mejor ser asesinado por un amante". - Charles Bukowski
Me gustaría dejar en claro que, en contrario a todo lo que declare en el párrafo anterior, así como esto no es un manifiesto acerca de mis posturas y concepciones sobre el amor y lo que este significa y conlleva, tampoco es un consultorio psicológico donde vengo a ventilar mis errores y/o aciertos relativos al tema; sin embargo, quiero contar una experiencia un poco voraz y enternecedora a la vez, y que además, versa alrededor de las relaciones en pareja, el deseo, la moral, y en última instancia y si ha de tener cabida, el amor. En fin, qué mejor forma de celebrar un día tan bello como el de hoy que con una buena y entretenida anécdota sobre el amor de una pareja y la suerte de un joven espectador:
"Fue en una ocasión un tanto particular. Era uno de esos días de fin de semana en que tenía el tiempo libre suficiente para hacer algo de ocio que se saliera de la rutina diaria. Aprovechaba días como estos sobre todo para invertir algo de tiempo en visitar a unas buenas amistades fuera de la ciudad, de paso, en lo que convenía el tiempo acordado para la cita del plan principal, complementaba este con otras actividades pequeñas que terminaban por ocupar casi mi día por completo. Al fin de cuentas, todo lo que quería hacer en esas ocasiones era escapar completamente del tipo de vida en el que me sentía enclaustrado. Con unos días de anticipación acordamos reunirnos en el grupo de costumbre para salir a cenar en algún restaurante y después ir a otro lado para platicar y seguir pasando el tiempo. Puesto que ya tenía ese pendiente como mi motivo principal decidí tomarlo como eje para agregar mas cosas para hacer a su alrededor, como vi que tenia tiempo de sobra durante la tarde, pensé que tendría el tiempo suficiente para tatuarme, así que hable con mi tatuador de confianza para preguntarle si tenía algún espacio disponible. Era en aquellos meses donde mi fiebre por los tatuajes estaba muy presente y enervada. Me pusieron hora de cita, y como no tenía claro cuánto duraría en esa tarea decidí dejarla como actividad única. Llegados el día todo fue perfecto, subí a mi carro y con una buena playlist preparada con anticipación me dirigí a mi destino, llegué con mi amigo tatuador y como siempre fue un verdadero gusto verlo y conversar, nos pusimos sobre la marcha y con sorpresa, en menos tiempo del que creí, los tatuajes estaban listos, como el tenia mas citas pendientes y trabajo por realizar ni siquiera valore la opción de preguntarle si quería ir a comer o por un trago. Así que sin más, salí del estudio sin tener certeza de que era lo siguiente por hacer; aún faltaba mucho para la cena con mis amigos. Sopese diferentes alternativas, tal vez podía ir a comer solo, pasearme por algún centro comercial o tienda para hacer compras innecesarias, visitar a la familia que vive ahí o llamar a algún otro amigo que estuviera libre para concertar algo "express" en lo que me diera el tiempo. De todas, sin exacta, preferí la última, llamé a algunos ex compañeros que llevaba tiempo sin ver y que la idea de compartir un rato juntos me alegraba de sobremanera. Tristemente todo intento de contacto terminó en fracaso; curiosamente a esta edad las personas se inclinan por pertenecer a dos categorías esenciales, está la del hambre insaciable por conseguir trabajo y dinero; y esta la de la obstinación de permanecer en un estado perpetuo de fiesta y descontrol. Lo que es más curioso es que a veces estas categorías se juntan en una sola persona. En fin, una vez descartada la opción de visitar a mi hermano, todo apuntaba a que pasaría el próximo par de horas en una gran ciudad en completa soledad. Nunca he sido de los que se aventuran, o más bien, mi definición de "aventurarse" es más simbólica que pragmática; en todo caso, ya existía otra ocasión, así que recurrí a la vieja confiable: ir al cine. El hecho de ir al cine solo nunca ha sido algo que me haya superado, y no lo digo como muestra de una firme autoconfianza, pues no lo hice con certidumbre hasta la universidad. Simplemente creo que antes no cabía dentro de mi cabeza la posibilidad de que existiera esa alternativa; además, creo que aun no encontraba en la experiencia del cine un significado de vida que mereciera la pena. No recuerdo cuál fue la película a la que entre, lo que sí recuerdo era que llevaba ya buen tiempo de no visitar ese cine que era el único de la clase premium de esa cadena en el estado entero; en mis tiempos de estudiante siempre fue un verdadero placer perderme unas cuantas horas en la oscuridad y las butacas entre funciones en ese sitio. Compre mi combo y me encamine a la sala asignada como de costumbre. Siempre que entro suelo echar una mirada breve para escanear la cantidad y tipo de público con el que me tocara compartir función, sobre todo para cerciorarme y prepararme mentalmente en caso de encontrarme con el típico alborotador ruidoso; que, sin demeritar, tiene todo el mismo derecho que yo de ver la película por la que pagó, comerse sus palomitas con los pies y gritar y reírse como si fuera un teatro; nada en contra. En esta ocasión solo estaba una pareja de adultos que percibí como jóvenes tal vez de entre 30 y 40 años, de hecho, ya me los había encontrado en la fila de la dulcería unos lugares por enfrente de mí; los vi vestidos enteramente con ropa deportiva y platicando entre ellos de manera muy despreocupada; parecían buenas personas. Con toda mi carga y el asiento seleccionado decidí escoger otro lugar lejos de ellos para no incordiar ni ser incordiado; con la sala prácticamente vacía no pensé que sería un problema, como tampoco pensé en la posibilidad de que sucedieran otras cosas. La película transcurrió perfecto, mi idea inicial era escapar un rato del mundo exterior a la vez que quemaba el tiempo necesario para ponerme en contacto con los amigos que había quedado. Siempre es un sueño cuando tus compañeros de sala hacen todo lo que está en sus manos por disfrutar la película a la vez que tratan de pasar lo más inadvertidos posible; este no fue el caso. Más o menos a la mitad de la película, mientras me llevaba un ristra de palomitas a la boca comencé a escuchar un ruido un poco peculiar totalmente ajeno a los efectos y acompañamiento de la película, algo como: "ah... ah... ah si...". Fueron breve los instantes en que necesité pasear las ideas en mi cabeza para darme cuenta de lo que estaba pasando. Claro que algo así siempre pasa por tu cabeza, sobre todo cuando ves a dos adolescentes o jóvenes prematuros juntos sentados en los últimos asientos, y mas aun, cuando sin querer figuras que las personas van vestidos con ropa deportiva o falda en el caso de las mujeres; en ese sentido y hasta cierto punto, el no suponerlo desde un principio fue mi error, y por lo tanto, el asunto total y toda la incomodidad fue mi culpa. Ellos solo querían pasar un buen rato, volver a revivir la flama, supongo. Entonces, ¿Qué fue lo hice a continuación?; aquí es donde muchos probablemente me juzguen de mala manera, diciendo que el que estuve mal soy yo, y fue justo lo que me paso por la cabeza en ese momento; es decir, yo solo quería disfrutar de mi comida y mi entretenimiento, y no iba a dejar que un par de "cotorritos" aventureros me fastidiara mi velada. Aun así, adopte medidas, con precaución y sin hacer mucho ruido me levanté y me dirigí a las últimas filas cerca de la entrada lo más lejos posible de esas personas y del acto que traían entre manos; me hice "bolita" en mi rincón y con toda la conveniente irritación del mundo me digne con terquedad a terminar mi película. Aun escuchaba entre silencios un asomo de ruidos propios de lo que hacían pero tras un momento se terminaron y fue más sencillo sentirme cómodo. Lo irreverente vendría casi al terminar la película. Faltando unos minutos para culminar, mientras ocurría el punto más álgido de la trama frente a nuestros ojos escucho que la pareja decide levantarse e irse, en ese momento la indecisión me invadió, pensé en el horrible momento en que pasaran justo a mi lado y se dieran cuenta que a pesar de sus precarias medidas de vigilancia se encontraron acompañados todo este rato de amor mutuo. Exactamente así fue; de hecho, para mí más que ser una mala experiencia resultó en algo hilarante, y sobre todo, por la reacción de la mujer cuando se acercaron por el pasillo listos para abandonar su ahora proclamado nido de felicidad. El tipo paso como bengala por un lado sin apenas entrever que estaba alguien en esos asientos, y apenas unos pasos detrás lo seguía su pareja a una velocidad más lenta cargando los restos de comida que les sobraron y consideraron llevarse, aún arreglándose el cabello y ajustando las apariencias para mostrarse al publico después de semejante lapso de entretenimiento. Pasó cerca y fue tarde para ella evitar la sorpresa cuando me vio, no pudo reprimir en sí una relación de completa impresión, hizo un sobresalto con la cabeza y los ojos se le crisparon, para cuando notó su reacción decidió desviar la vista y acelerar el paso tratando de ocultar su rostro en todo momento. No pude evitar reír para mis adentros, eso hizo que la decisión de quedarme valiera la pena; además, pude terminar la película. Que si les soy sincero me siento algo traicionado por ellos, ¿Cómo es posible que no se quedarán para el final?, ¿acaso creen que son los únicos que pueden tener un final feliz?. La función se llevó a cabo y para cuando salí no volví a toparme con ellos como era de esperarse. Ya para ese momento no podía dejar de darle vueltas en mi cabeza a la experiencia, sobre todo porque quería encontrar la forma más graciosa de contársela a mi grupo de amigos. Estarán de acuerdo que eso es algo que no se presencia todos los días, y por las risas, no está mal compartir por unas o por otras una buena anécdota que te de un rato de diversión al lado de buena compañía. Al final fuimos al restaurante y mi crónica tuvo buena retroalimentación durante la cena, divagamos y sobre todo nos reímos en torno al tema y en un santiamén fue olvidada y superada por las siguientes historias. Fin."
Como puedes apreciar, querido lector, siempre es buen momento para el amor, no es que haya o exista un lugar o tiempo perfecto, simplemente está ahí, flotando en el aire, esperando a que te des cuenta para que lo tomes entre tus manos y se lo des a alguien. El amor es un regalo, uno de los mejores.
Feliz San Valentín, querido lector
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