En fin, el hecho de pensar y darle vuelta a todas las opciones me hizo perder más tiempo del que creí, y para cuando me di cuenta ya solo tenía tiempo de hacer una sola cosa y hasta la mitad. Ese siempre ha sido el gran problema de mi vida, soy una persona muy indecisa que ha aprendido a lidiar con ello de las peores formas. Hay gente que se queja de no tener opciones, que idealiza que si las tuviera por multitud el mundo seria perfecto, pero no podría estar mas lejos de la verdad, el problema de la indecisión también existe, y nos llega a afectar a todos en algún momento de nuestra vida, momentos que, para acabar de hacerla mejor, suelen ser vitales para nuestro recorrido en esta tierra. Piensa en ello, si usamos nuestra imaginación para expandir nuestra conciencia más allá de las posibilidades, donde cada decisión elegida creará una partición en el porvenir de nuestro destino, tan solo piensa en toda esa infinidad de mundos alternos donde somos alguien completamente diferente al que conocemos en nuestra realidad. Imagina que probablemente existan universos paralelos donde eres un medico podólogo reconocido en la región, un profesor de antropología de la mejor universidad del país, un músico saxofonista de una banda de jazz que se gana la vida tocando en los bares del paseo marítimo, un asiduo productor de películas finlandesas independientes, un atrevido cuidador de mamíferos artiodáctilos en algún zoológico de Canberra, o cualquier cosa que alguna vez soñaste. Imagina mundos donde eres millonario o estás en la completa ruina, donde padeces de una enfermedad terminal para la cual no existe ninguna opción de tratamiento o donde vives saludable y conscientemente hasta los 110 años. Imagina un lugar donde hay lugar para sueños donde conseguiste crear una extensa familia y se reúnen todos a compartir su tiempo y alegría en diciembre usando suéteres y gorros de navidad horribles, o un espacio alterno donde terminaste solo y sin compañía, preso de tu bienes y méritos sin tener nadie ni nada con quien compartirlos o celebrarlos. Imagina la eternidad, piensa con toda tu energía, con hambre, vorazmente, que tal vez, en algún lugar alterno al nuestro, muy lejano y quizá inalcanzable, más allá de las estrellas, mucho más allá de la negrura del espacio, de toda posible forma de vida, lejos del afecto y la añoranza, mucho después del punto de no retorno, imagina que quizá ahí, probablemente, existe una vida donde realmente eres feliz. ¿fabuloso no?.
Al final, dentro de las prisas y ya sin ánimo de hacer una u otra, decidí postergar todas esas actividades para cuando volviera de la tarea de adulto que tenía que hacer fuera de la ciudad, quién sabe si lograre volver y llevar a cabo todas esas cosas que tengo pendientes para hoy, pero si si, será una gran forma de escape. Por lo tanto, y para sentir que no pierdo el tiempo decidí sentarme a escribir. Hace rato que no honraba el diario con una nueva entrada así que qué mejor momento que el actual. No tenía un tema claro sobre el que hablar, pensé otra vez tratar cosas como autores o escritores que me han influido de alguna u otra forma, mi experiencia con las bibliotecas y librerías, hablar sobre la primera vez que participe en un torneo de ajedrez presencial, contar la experiencia de cuando por subir un cerro casi muero, crear un relato cómico y despreocupado sobre cómo sería un mundo donde la cabeza es una zona erógena o púdica y las gorras, sombreros y todas la ropa similar fueran prendas íntimas; o bien, sobre finanzas personales. Está claro que nada de eso llamó lo suficiente mi atención e interés, quizá más adelante pueda compartir aquí algunas, el único problema que tienen es que pertenecen a un tiempo que ya no nos concierne.
Hace algunos días (va a sonar bastante irónico y hasta tétrico, pero eso no es lo que importa) consulte con chat-gpt una cuestión en particular, le pregunté: ¿Cuánto tiempo tendría que pasar una persona sin contacto social para experimentar efectos negativos y que tipo de efectos tanto físicos como psicológicos darían lugar en ella?. Me dio algunos datos sobre la cuestión y comencé a reflexionar sobre el tema con interés. Siempre he sido una persona muy asocial y antipática, disfruto de la soledad y dentro de la medida mis necesidades psicológicas de interacción y uso y consumo de energía las he satisfecho de forma muy autosuficiente. Más allá de esto, no creo ser un ermitaño o una persona que quiera privarse de la sociedad, me gusta hablar con la gente, conocer personas y expandir mis círculos; mas nunca lo he buscado activamente, cuando ha sucedido siempre lo he dejado en manos del natural pasar del tiempo y la eventualidad. De esta forma he construido mi vida, con todo lo que de una persona introvertida, tímida y resguardada en su mundo debe esperarse y en general no me ha causado muchos problemas, más allá de la depresión moderada y la ansiedad social creo que disfruto de mi vida a su manera; he aprendido a aceptar este aspecto que forma parte de mi, no creo que sea algo de lo que a estas alturas pueda deshacerme, y si si, creo que resultaría sumamente difícil, así que prefiero hacer los pocos avances que pueda a mi ritmo, aunque este sea demasiado lento. Llevo una semana, desde que renuncié a mi último trabajo, refugiado en las cuatro paredes de mi habitación, salgo a los pasillos de mi casa prácticamente solo para satisfacer mis necesidades de baño y alimentación, y el poco contacto social que mantengo son unos escasos minutos de charla sin sentido diarias con mi familia. Más allá de eso, paso mis días frente a la pantalla, sea de la computadora, de la televisión, de mi celular o de mi Kindle. Despierto en la madrugada, los días suceden uno tras otro de la misma forma y para el atardecer ya estoy yendo a la cama para pasar de página. No es algo de lo que me queje, a quien no le gustaria estar todo el día en completa pereza haciendo en demasía todo aquello que durante su jornada disfruta a tragos por que es todo lo que su trabajo o responsabilidades le permiten. Pero creo que hay un limite, un limite que es peligroso sobrepasar. En mi cabeza ha estado el disfrutar de este tiempo de tranquilidad que mi conciencia necesita, sobre todo con miras de buscar la claridad mental que las decisiones que necesito tomar ameritan, pero se que son decisiones que no puedo postergar eternamente, se tienen que hacer y además lo mas pronto posible, esta semana quiero explorar alternativas más allá de estar sentado todo el día. Sobre todo por que hay un par de cuestiones que como sombra se están abalanzando sobre mi. Este trámite que estoy a nada de ir a realizar es uno de ellos y creo que es una buena forma de ponerse en acción. Al fin de cuentas, si pasó otra semana más estaría cayendo en lo que chat-gpt me contestó en esa ocasión que le pregunte sobre el aislamiento social, algo como que después de 2 semanas empiezan a manifestarse sentimientos de ansiedad y estado de ánimo depresivo considerables, alteraciones en el sueño, aumento del estrés y reducción de las capacidades y/o habilidades cognitivas. La soledad es una engañosa compañera, te ofrece frutos que si estás dispuesto a navegar dentro de sus caóticos mares te recompensará enormemente, pero si te habitúas a ella y empiezas a verla como a una hermana puede resultar peligroso; en silencio, lentamente, comienza a saborear tu alma, se adentro poco a poco, no te vas dando cuenta, hasta que de la nada, te tiene entre sus fauces, y no hay escapatoria.
Es momento de darme un baño, fuera de que me hace falta, tengo un par de pendientes que resolver si quiero hacer mi tramite, y como todo, requieren su debido tiempo. Me gustaría cerrar esta entrada no sin antes hablar aunque sea muy poco del último libro que acabe. "Las estrellas mi destino", del histórico y aclamado autor de ciencia ficción Alfred Bester; una de sus dos obras cumbre se erige como una novela de corta-media extensión sumamente emocionante. En un mundo dentro de un futuro lejano, Gully Foyle es un hombre sin ambición que tras una experiencia trágica y desalentadora que amenaza su supervivencia se verá envuelto en una misión de venganza, una misión que le dará un motivo y una causa por la que vivir y afrontar de la manera más despiadada todo lo que está a punto de pasarle. En general, es una buena novela, muy entretenida, con una gran construcción y evolución de personajes, sobre todo el protagonista. Si te animas a darle una lectura vivirás en carne propia la transformación de Foyle, presenciaras de primera mano cómo pasa de convertirse de un hombre que no es más que un animal despiadado sin mayor objetivo y motor que el odio y la muerte, en una persona civilizada y lúcida que piensa y lucha por un motivo mucho más lejano a él. Una aventura interplanetaria sin parangón, entiendo por que es un clásico del género y un precursor de muchos más. De toda la obra me quedo con dos cosas que Bester hace magnífico: una es la capacidad increíble para poder provocar en el lector sensaciones tan intensas que te harán querer seguir pasando pagina tras pagina, esa habilidad para hacerte repudiar y a su vez admirar la sanguinaria, cruel e inhumana motivación que dirige a Foyle; y segundo, me quedo con la canción que Foyle se repite a sí mismo una y otra vez a lo largo de la obra hasta el final:
Gully Foyle es mi nombre,
la tierra mi nación,
el profundo espacio mi vivienda,
y las estrellas mi destino.
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