jueves, 9 de enero de 2025

FUERA DE JUEGO: UN VIAJE FILOSÓFICO Y DEPORTIVO



Mi vida ha tenido una relación versátil con el mundo del deporte como espectáculo. A lo largo de mi infancia y adolescencia mi afición a seguir el deporte de máximo nivel siempre estuvo en consonancia con el interés que tenía en ese momento por practicarlo, en otras palabras, veía aquel deporte que en ese momento tenía de moda jugar. En un primer instante fue  el béisbol; cuando era muy pequeño mis padres se interesaron por hacer que su hijo gastara su tiempo en otra cosa que no fuera ver a sus hermanos jugar videojuegos o perderse en los libros didácticos de la escuela, es por eso que por tradición familiar me iniciaron en las andanzas de ese deporte, lo practique desde una edad muy temprana, creo que mi primer entrenamiento formal fue a los 5 años, díganme ustedes que tipo de entrenamiento formal tiene como objetivos a niños de 5 o 6 años; bueno, los rusos y americanos me podrán dar la contrario. Aprendí a jugar rápido y cuando menos lo esperaba ya estaba disfrutando de los que el deporte tenía para ofrecerme, además, era un gran ambiente para conocer a otros niños y desarrollar mis nulas habilidades sociales, así que, aparte de que me divertía a lo grande tenía la oportunidad de explorar por primera vez mentes y costumbres muy diferentes a los de mi cuadro personal. Por pertenecer a este deporte incite a mis padres a que me llevaran a conocer mas de el y su mundo, es por eso que pronto empezamos a salir como una aparente familia feliz a los juegos de fin de semana del equipo oficial de la ciudad, además me hacían detalles como ponerme los juegos de la liga profesional en la televisión por las tardes o en la radio de camino a algún lugar, mis hermanos me regalaron estampas o conseguían juegos piratas de béisbol para que yo pudiera disfrutar algo que no fuera tirar balas a diestra y siniestra en halo o Grand Theft auto, sobre todo por que mi madre los castigaba si los veía mostrándome esos juegos o permitiéndome jugarlos (cosa que con todo y castigo no me importaba ya que seguía disfrutando de ellos a escondidas). El béisbol se fue abriendo paso en mi vida, y fue un deporte que entró en mi corazón de manera natural, fue el primero con el que tuve contacto, y lo aprendí a apreciar por lo mismo, por que fui creciendo con el, me enseño no solo lo relativo a las reglas del juego, si no que me desarrollo como individuo; de cierta manera, soy lo que soy por el béisbol, y mucha de mi educación y personalidades actuales son en parte a las bases que el béisbol puso en mi durante mi niñez. Hoy en día sigue siendo uno de mis deportes favoritos, y los disfruto de manera mágica, cada vez que entro a un estadio es como revivir la magia de antaño, donde no importaba nada, solo saltar al campo con tu gorra y tu guante y sentir tu corazón latir con fuerza como si se te fuera a salir del pecho, sentir como se te va el aire cada que la pelota venia hacia a ti, cuando sabías que era tu momento de brillar.
Y así fue hasta los 12 años aproximadamente, que fue mi época en la que entre a secundaria y deje el béisbol un poco de lado y comencé a apegarme muchísimo al fútbol por razones sociales.

Uno de mis hermanos mayores, el primero para ser exactos, siempre tuvo especial predilección por coleccionar los típicos juegos comerciales que hacen entregas anuales en las cuales apenas les realizan ajustes significativos, en ese sentido era menos "gamer" que mi otro hermano el cual jugaba cosas más de nicho y tiende a experimentar con diversos estudios, géneros y plataformas más amplias de videojuegos. Cada año lo veías gastar sus cuantiosos ahorros provenientes de los trabajos parciales que hacía y las mesadas dominicales que mis padres le proporcionaban en marcas como FIFA, Madden, Call of duty, Assasins Creed, Far cry, entre otras. Y como mis hermanos eran los principales proveedores de videojuegos en mi hogar, no me quedaba de otra que jugar lo que ellos traían a casa, es por lo mismo que pase horas y horas de mi vida frente a la pantalla disfrutando de estos títulos. Obviamente como cualquier niño de mi generación en mi estrato social que conoció FIFA por los clásicos de las maquinitas, mi primeras andanzas en la franquicia fueron en títulos como FIFA 2005, FIFA 2006, FIFA Street; en su esencia fueron estos títulos junto a otros juegos de arcade que disfrutaba en emulador como lo son Super sidekicks, Goal goal goal¡, neo geo cup 98 o Soccer Brawl; los que me mostraron el universo del fútbol, conocía de jugadores, equipos y competencias mundiales gracias a ellos y no tanto por seguirlo de manera real. Hasta el momento no lo había practicado más allá de las típicas "retas" que se hacían en recreo o en clase de educación física en la primaria, fue hasta que entre a secundaria y por las materias extracurriculares obligatorias y el grupo de amigos al que me incluí que fue que comencé a tomar su práctica en serio. Por ese tiempo fue en que se convirtió en uno de mis pasatiempos favoritos, y como empecé a perder peso y a salir más de casa, mi familia no tuvo objeción alguna. Por entonces pasaba el rato dedicado a ello, jugaba FIFA 2012 en mi PSP chipeado, jugaba al FIFA 2013 comprado por mi hermano en nuestro Xbox comunitario y era el mediocampista titular de mi grupo de amigos en las retas que se hacían cuando había clase libre y cuando salíamos a jugar partidos callejeros en la colonia. Pase apegado al deporte y me comencé a interesar por conocerlo mas toda mi época de secundaria y gran parte de preparatoria, me inundé de conocimiento de él, nadie podía decir que no un gran fanático del balón y las redes. El fútbol por lo tanto fue para mí, sobre todo, una manera de abrirme al mundo social, conecte con mucha gente y muchos entornos por este deporte, además, me permitía poder compartir mi sobria personalidad con otros más allá de cualquier sentimiento de vergüenza y temeridad que tiene todo adolescente, me permitió aprender que el deporte era una forma de mantenerse en forma y no fallecer en el intento, que el hacer de ejercicio podía tener su parte divertida. Hoy en día estoy muy desapegado del mundo del soccer, la principal razón es que comencé a concentrarme en seguir otros deportes y todo el mundo con el que yo crecí ya está en proceso de olvido, me da mucha pereza volver, tener que aprender y digerir tantos nombres y eventos nuevos me resulta tedioso, además creo que el soccer se ha convertido en algo más de espectáculo y recompensa que otra cosa. Crecí con el fútbol amando jugarlo, amando enterarme de traspasos y figuras notables, de ponerme los taquetes y emprender el largo camino hasta la cancha de la colonia de al lado; todo parecía tener una esencia natural, lucía como una ensoñación, todo parecía tener una razón u objetivo, no era mera farándula como lo es hoy (al menos así es como lo veo). Le tengo gran aprecio por que como deporte, el soccer siempre fue una forma de olvidar mis inseguridades, de saltar a la cancha y reír junto a mis amigos, de valer por lo que podías hacer con el balón, y al final de cuentas no importaba si eras bueno o malo, importaba que dieras la cara y que no tuvieras miedo de enfrentar a cualquiera, que tuvieras los pantalones de levantarte tras cada caída, importaba pasar un buen rato, se trataba acerca de volver a tu casa con las rodillas raspadas y unas sonrisa en la cara. Y sobre todo de que no te avergonzaras por pertenecer a un equipo, a un grupo, a una causa, y lo dieras todo por ello. El fútbol me enseñó a compartir y a esforzarme, es por eso que cuando hoy veo un juego profesional o a la gente común enfrascada viéndolo o practicándolo siento un inmenso sentir de satisfacción, me recuerda al trabajo duro, a la libre identidad y a la entrega diaria y pura, más allá de cualquier espectáculo.
Recuerdo que mi jugador favorito durante un gran tiempo llegó a ser Marco Reus, mi interés en él puede ser un poco obvio, pero las razones eran sobre todo que, su nombre es muy parecido al mío, jugaba con el número 7 que era mi número favorito, jugaba en la misma posición que yo, y además, era la portada del primer FIFA que jugué que fue enteramente de mi propiedad, la edición de 2017 si no mal recuerdo, esta vez fue mi hermano quien me lo pedía prestado cuando venían sus amigos a echar unas retas, esa es una de las mejores sensaciones de satisfacción que puedo decir que he sentido en mi vida.

Fue hasta poco antes de entrar a universidad y cumplir la mayoría de edad que sentí que mi vida dio un giro inesperado en relación a mi atracción por el deporte, claro que seguía jugando FIFA y siguiendo a mis equipos y los juegos más importantes a nivel nacional e internacional; pero la pasión había decrecido. Además, mi atención se dirigió a temas personales nuevos, nuevas inquietudes surgieron en mi persona. Pero en relación al deporte; así como con mi visión general del mundo, la pantalla se había roto, pase de interesarme por lo que tenía a mi alrededor para ver más allá de todo lo que conocía o me interesaba hasta el momento. Estaba experimentando una cantidad vertiginosa de sucesos en mi vida general que no podía ponerme al corriente con nada. Mi mundo cambio, me mude de ciudad, comencé otra etapa de mi vida, mis amigos de siempre ya no estaban ahí y fueron reemplazados por nuevas personalidades, mis gustos se diversificaron y mis estilos de vida con ellos, era momento de descubrir una dimensión diferente, la vida de adulto, la vida compartida, la vida salvaje. En cuanto al deporte fue exactamente lo mismo, como con muchas otras cosas tenía que dar pie a que lo nuevo entrara en mi vida y eso hice. Comencé a aficionarme con un deporte en particular, lo curioso es que todo se dio de manera casual. En el mes de junio de 2019 se estaban transmitiendo a nivel mundial las finales de la NBA, la liga de baloncesto profesional más famosa y de mayor nivel a instancias internacionales traída hasta la comodidad de nuestros hogares de mano de los "gringos". Se enfrentaban los míticos Golden State Warriors en lo que parecía los últimos años de su dinastía dominante frente a los desfavorecidos Toronto Raptors, los underdogs del circuito que habían navegado afrontando tormentas en su recorrido por Play-off. Cada uno de estos equipos había salido triunfante de su esmerado recorrido de eliminatorias, por un lado los Raptors vencieron contra todo pronóstico a unos pesados Milwaukee Bucks que venían como un trailer derribando todo lo que estuviera a tu paso; por otro lado, los Warriors se enfrentaron con total autoridad a los Trail Blazers, serie y equipo que por cierto me permitió conocer al que hasta día de hoy es mi jugador favorito en el corto periodo de tiempo que llevo siguiendo el deporte, el base "Damian Lillard". Ambas agrupaciones se vieron las caras en una serie de enfrentamientos encarnizadas capitaneadas cada una por auténticas estrellas del deporte mundial, por un lado Stephen Curry, por el otro Kawhi Leonard, dos jugadores a los que también guardo un gran aprecio entre el cuadro histórico de mis jugadores favoritos. Algún día contaré a mis nietos cómo era el deporte en mi época y estoy seguro de que se me saldrán estos 3 nombres, entre muchos otros, como quien cuenta una historia salida del alma. Al final terminaron coronándose los Raptors firmando un momento histórico para la franquicia y el deporte, este hito no hizo más que maravillarme, me tope con un mundo vibrante, en constante evolución, el deporte ráfaga era algo que relucía frente a mis ojos, era apasionante en todos lo sentidos y además estaba lleno de historias a todos los niveles, en ese momento fue algo que conectó exactamente con la personalidad que tenía en aquel momento. Eso fue solo el comienzo. Me abandone a sus anchas, tal como lo fue con el soccer en su momento, empecé a consumir baloncesto por todos lados, me compre el NBA 2K19 en oferta y me vicie horas y horas, a partir de ahí cada que la entrega del momento aparecía en el Game pass o entraba en oferta me hacia con ella y aprovechaba para tirarle horas y horas (Hasta hoy tengo en mi biblioteca de juegos las últimas dos entregas compradas en día uno). Además, seguía los juegos con coraje, a diario consultaba resultados y estadísticas; comencé a ir presencialmente a los juegos de liga profesional de mi región. Recuerdo que en su momento me sorprendió lo barato que eran los boletos para el tremendo espectáculo que ofrecían. En general, aprendí a apreciar al deporte, más que nada porque concordó con la revolución que acontecía en aquel momento en mi vida. El baloncesto fue un tipo de revolución a muchos niveles, cambió la forma en que veía y disfrutaba del deporte en general. En los primeros semestres de la carrera era obligatorio cursar un conjunto de materias que se conocen como "materias de tronco común", sin importar a qué división, departamento o facultad pertenecieras debías de incluirlas en tu plan de estudios si alguna vez paso por tu mente el objetivo de graduarse, era recomendable hacerlo durante los primeros cursos ya que es cuando más tiempo libre tenías y menos carga curricular y estrés afrontarías a lo largo de la universidad. Una de esas asignaturas era el típico "actividades culturales y deportivas" que forman parte de cada fase escolar, y a decir verdad he comenzado a pensar que será así hasta el resto de la eternidad, cuando la muerte se haya llevado todo y el universo llegue a su final. En cualquier caso, no era difícil cubrir los créditos que te pedían de esa asignatura, en mi caso te pedían mitad y mitad, la primera parte era sencilla, la podías cubrir de diferentes formas, podías inscribirte a un taller de arte o creatividad, participar en eventos culturales que la universidad organizaba periódicamente, asistiendo a eventos de tu carrera, formando parte de asociaciones o grupos adscritos a la escuela, entre otros; yo termine cumpliéndolos cursando un ciclo de francés inicial durante mi cuarto o quinto semestre, aun no recuerdo bien, solo se que fue durante la primera etapa post-covid, donde regresamos paulatinamente a las aulas y lo combinábamos con sesiones en línea y medidas extraordinariamente estrictas. Continuando; la parte de actividades deportivas la hice en mi primer semestre, junto a uno de mis compañeros con los que vivía en mi apartamento conjunto me inscribí a baloncesto, mi reciente afición terminó por decantar la balanza entre elegir distintas opciones, pensé en meterme a acondicionamiento físico, softbol, voleibol e inclusive ajedrez, pero sentía que al final no daba la talla para ninguno, y si iba a dar pena jugando en alguno sería al menos uno en el que de verdad disfrutara. Por cierto, no me considero un mal jugador de baloncesto, de las contadas ocasiones en las que he tenido rachas de salir a jugar con distintos grupos de amigos siempre he sido el que más ha sabido moverle, yo creo que sobre todo es a mi inmersión antecedente en el deporte y a mi interés por querer desempeñarme bien en algo que me importa. Toda la universidad continúe igual, tome por rutina usar mis tardes para ir a botar la pelota un rato ya fuera solo o acompañado, y por las noches revisaba repeticiones de juegos, checaba resultados recientes o le echaba un par de partidas en la consola al 2k. El panorama con el que actualmente veo al baloncesto ha cambiado mucho, ya no es el deporte apasionante y enfrascante que era cuando lo descubrí, sin embargo sigue siendo uno de mis favoritos, lo que ocurre es que el baloncesto como con los demás deportes me marcó a su manera, fue una puerta de entrada a un mundo nuevo, o mas bien, me permitió ver mi mundo con ojos nuevos, una mirada que me susurraba que ahí fuera había muchas alternativas y que había oportunidad de explorarlas todas, no era necesario casarme por siempre con una sola disciplina. Y así fue como se transformó, bajo esa visión el baloncesto estaba condenado a perder jugo en mi vida, pero era y fue en pro de algo positivo, fue en beneficio de evolucionar. El baloncesto fue el puente que me permitió saltar a nuevas competencias, gracias a él comencé a disfrutar de otras disciplinas que hasta el momento tenia abandonadas o que de plano no conocía, y lo más valioso fue que me permitió disfrutar de todo, ya que ahora no solo apreciaba el deporte por lo que es, un terreno de juego donde puedes explotar tus capacidades hasta el límite, donde puedes darte cuenta de lo que están hechos y hasta dónde pueden llegar tu cuerpo y tu mente. Comencé a ver todo de manera más profunda; en resumen, me interesé por las historias.
Hoy puedo decir que amo el deporte por eso, por lo rico y único que es en historias y narrativas. Tal vez sea una afirmación que no resulta nada sorprendente viniendo de un apasionado de la lectura, pero es que no solo es la lectura, no solo es el deporte, no solo es la música y el arte, todo en mi vida son historias, aprecio ese grado de profundidad que le dan a mi existir, creo en el fondo que sin historias no seriamos nada. Hoy cada que abro el navegador y busco por resultados, ansío eso, es como el acto de querer impulsivamente pasar de página mientras lees, el saber con anhelo y una codicia genuina lo que va a ocurrir a continuación, por saber a dónde irá a parar cada personaje y acontecimiento, el mantenerte al filo del asombro, y aunque te termines decepcionando pienses en lo emocionante que fue el camino, de eso se tratan las historias.

La imagen de cabecera representa con exactitud lo último de lo que hablo. Cade Cunningham es un joven jugador profesional de baloncesto que juega sus partidos vistiendo el uniforme de los Detroit Pistons, equipo del cual es capitán y principal estrella. Debutó en la temporada 2021-22 tras ser seleccionado como primera selección del draft, un concurso de selecciones escogidas por lotería en el que participan todos los equipos de la liga para poder incorporar a sus filas a los mejores talentos jóvenes del país y de otros lados. Más que nada con el objetivo de equilibrar el nivel de calidad de los equipos cada año, ofrecerles incorporar elementos importantes y ofrecer a los nuevos integrantes la posibilidad de hacer carrera en una de las mejores ligas del mundo. Cade Cunningham es de mi edad, nacimos el mismo año y me resulta impresionante el seguir su carrera desde su paso por el deporte universitario. Hoy está haciendo una temporada impresionante, lidera a su equipo en puntos y les ofrece un espíritu de lucha que mantiene a los Pistons en la frontera de las posibilidades. Ver su rendimiento las últimas semanas me ha hecho reflexionar enormemente sobre cómo se lleva a cabo el proceso de reconocimiento de talentos jóvenes. En ese sentido, Las competencias americanas tienen muy bien desarrollado tanto el impulso de talento joven como su inclusión y seguimiento en el mundo profesional, al punto de que es ahora una función indispensable, ya que hacer correctamente esta tarea puede cambiar el curso de lo que tu equipo y marca pueden conseguir, hay muchos beneficios en juego. Me pareció sustancioso utilizar su imagen como modelo para introducir mi entrada, Cade tiene una historia fascinante que comparte con muchas otras figuras que han pisado una duela de baloncesto, imagina ser el prospecto más reconocido y hábil de toda una generación de talentos, toda esa presión depositada sobre ti y sobre lo que puedas hacer junto a tus nuevos compañeros, es simplemente increíble. Aún es pronto para definir la dirección o calidad que tome la carrera de Cade, pero estoy seguro sin duda de que lograra grandes cosas.

Con esto llegamos al final de la entrada, una que se extendió muchísimo más de lo que creí y que tomó divergencias muy diferentes a las que tenía pensado tomar, creo que en parte eso es la magia de la escritura, te permite recordar, traer a colación tus memorias, ponerlas sobre la mesa y ver que puedes construir con ellas con lo que sabes hoy. Ya había hecho una entrada similar antes en el formato de diario donde discutía mi recorrido vital y sus distintas etapas en relación con el deporte y lo que significaba para mi, esto es un buen tributo a aquella entrada, y además, compartí muchas diferentes cosas que no compartí en aquella ocasión. Estas cosas son cosas en las que creo, y más importante, son cosas que creo que importan.


Ghosts - Bruce Springsteen


🏀

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