“-You don't bring a knife in the pocket
-Yes, i do
-No, you don't”
-Diálogo de un asalto
Hace un par de días terminé por fin el libro “Good Omens”; una obra de comedia escrita en conjunto por los autores Terry Pratchett y Neil Gaiman. “Buenos presagios”, por su título en español, nos cuenta una divertida y burlona historia sobre el fin de los tiempos como nunca nadie se lo imaginó. Sinceramente es un libro que disfruté horrores, y si bien pensé en retomar mi papel de crítico y hacerle su debida reseña, me eche para atrás en último momento, no tuve la energía ni el interés suficientes para hablar de un libro con el que me reí tanto de esa manera. Así que pensé de que otra forma podía abordar el tema, el poder hablar de él, de lo que me enseñó y me produjo, sin tener que escribir directamente sobre el libro. Llegue a la conclusión de que quizá lo que mas me llamo la atención fue de que, a pesar de ser un libro que nadie debería tomarse en serio (sobre todo un fanático extremista de la religión cristiana), es un libro que cumple o evidencia una función social fundamental, sobre todo en estos tiempos.
Good Omens marca su ritmo a partir de una rutina muy de carácter británico; de hecho, es difícil entender el chiste a momentos; a pesar de vivir en un mundo globalizado, aún existen fronteras que no hemos terminado de cruzar del todo. Pero el resto, hablando de la mayor parte del libro, es tremendamente entretenido y fácil de seguir, y el principal recurso del que se vale es entender que es un libro con una comedia para un público en concreto, aquel que reconoce la función, el impacto y el rol que tiene la burla en la sociedad.
Para la RAE, la “sátira” es definida como: “Composición en verso o prosa cuyo objeto es censurar o ridiculizar a alguien o algo.”. Definición que el internet enriquece con: La sátira puede cumplir cierta clase de función social que va más allá de la burla: actúa como un espejo deformante que expone las contradicciones, hipocresías y absurdos de una sociedad. A través del humor y la ironía, no sólo crítica sino que también estimula el pensamiento, incita a la reflexión y, en ocasiones, genera incomodidad al confrontar verdades que preferimos ignorar”. Como se puede observar, una definición enriquecida que se puede tomar como sustancial una vez se ha aceptado la existencia de la sátira como tal.
A mi parecer la sátira más que ser un arma resulta algo más parecido a un escudo. En muchos círculos se discute su impacto verdadero como fuerza de cambio social en un mundo intensamente conectado por los medios de comunicación. Quiero imaginar que existe una cantidad infinita de estudiosos que desdeñan su uso tanto como lo habrá quienes la defienden. Pero volviendo a su impacto, a mi parecer que el principal poder de usar la sátira como herramienta de discurso recae en la capacidad que tiene para proteger tanto el mensaje como a su autor, porque la sátira convierte los afilados ángulos argumentativos del mensaje y la verdad en engaños, los toma y los esconde a buen cubierto detrás de la comedia y la risa. Se tiene culturalmente entendido que la comedia y la risa es algo que no debería tomarse muy a pecho, no debería abordarse lo que causa un chiste desde una perspectiva muy seria, pero, ¿Qué pasa entonces con la afilada navaja que se guarda en un chiste hiriente o en una verdad cruda expresada de la forma más burlona?. Cuando una persona enuncia algo desde la perspectiva satírica, irónica, lo que hace es blindarse de acciones consecuentes comunes. La sociedad está acostumbrada, primero, a no tomar en serio buenos argumentos ocultos en los chistes; y segundo, a no responder subversivamente una vez que se han encontrado dichos argumentos.
En la obra de Pratchett y Gaiman a mi me parece entrever un poco de ello, entre tanta premisa graciosa hay a momentos un valioso comentario que si se pausa el tiempo y se regresa en pasos, uno se da cuenta de que guarda mucho más significado del que tuvo en una primera lectura. Y es ahí, cuando nos damos cuenta del significado, que sufrimos la vergüenza de tener la culpa de estar concentrados, quizá, en lo que no es importante. Pero bueno, eso lo decide cada uno, basta con decir que lo importante es poner sobre la mesa una alternativa de uso de este recurso tan valioso.
En lo personal, disfruto mucho del texto satírico, sobre todo por esa habilidad de tomarme desprevenido en el momento menos esperado; es como si todo estuviera fluyendo en una dirección y sin previo aviso el cauce tomará otros derroteros. Me gusta también utilizarla, aunque creo que soy mucho menos talentoso valiéndome de ella en el texto que en la vida real, quienes me conocen tal vez estén un poco hartos de mi actitud irónica hacia la vida, pero bueno, es lo que me puedo permitir.
Ahora bien, para concluir, surgen preguntas interesantes; ¿Es la sátira un mecanismo de rebeldía?; ¿Es la sátira un refugio para la resistencia subversiva?; ¿Está la sátira del lado de la opinión impopular?; ¿Cuál es la situación social actual en cuanto a la manera en que percibimos la sátira y la censuramos en diversas medidas?; ¿ Para qué tipo de problemas funciona, para cuales no?. Para todas ellas tengo respuestas breves:
*La sátira es sobre todo un disfraz, un buen camuflaje.
*El reirte del circo no te convierte en su verdugo.
*En un sistema como el actual, toda “herramienta” que sirva tanto para trabajar como para lastimar pertenece al proletario oprimido.
*Ya nadie aguanta nada, hipócritamente cada vez nos reímos más de los otros y olvidamos que somos un chiste con patas y sin gracia.
*El diálogo tiene la capacidad de escurrirse por cualquier orificio, pero como todo, hay orificios a los que ir en traje y los hay a los que ir en sandalias.
😄

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