jueves, 3 de abril de 2025

MAÑANA DE PRIMAVERA


Esta mañana me desperté mucho más temprano de lo habitual estos días; espabile columpiándome entre la inconsciencia y la vigilia a eso de las 6 de la mañana en un día que parecía a todas leguas ser tan crudo como los anteriores, llevo ya 3 días seguidos con una gripe inusual que me ha impedido hacer cualquier cosa. Hace tiempo que no me enfermaba de esta manera; podría decir que llevo años sin sufrir un resfriado que me tumbara y me restringiera a estar atado a la cama; al primer esfuerzo que requiriera algún tipo de exigencia física sentía que el mundo empezaba a dar vueltas y emprendía su paseo a trote limpio hacia el barrio del colapso. Me pare y me dirigí al baño, al no sentir ninguna clase de mareo repentino pensé que al fin había entrado en periodo de convalecencia, recuerdo decirme con gracia que lo que viniera a continuación sería mucho más sencillo de afrontar. Muchos reprocharan mi tolerancia enclenque ante la enfermedad, pero olvidan una cosa, las personas como yo tienen el desdichado agravio que aparte de enfermarse tengan que cargar con el peso de hacerlo siendo hombres.

Observe en el espejo mi perfil desaliñado recientemente adquirido; con el cabello despeinado formando bulbos a borbotones, con pesadas bolsas ennegrecidas bajo los ojos; profundas arrugas alrededor e inundando mi frente; con la piel de las mejillas reseca y aun con un casi imperceptible tono rojizo característico de haber lidiado toda la noche con un incipiente estado febril. Desvié la mirada en busca del tubo de pasta de dientes y lo único que recuerdo es el preguntarme entre acto cuánto de ese reflejo se debía a la enfermedad y cuanto al hecho de que estaba empezando a envejecer. La idea se plantó en el jardín trasero de mi mente aun y después de haber dejado atrás la puerta del cuarto de baño.

El día anterior había escuchado a mi madre leer en voz alta una notificación de las noticias diarias que le llegaban a los mensajes de su celular; una costumbre que en ese momento pensé que solo mantenían las personas de su edad; para ser sincero, fui algo más allá y me cuestione firmemente si los jóvenes de ahora estaban enterados de algo que no fueran las tendencias sociales en Tik Tok o las polémicas del último influencer que estuviera de moda, fuera quien fuera. Me conteste con algo muy parecido a “espero que sí” y le dedique mi atención al parte meteorológico que mi madre había comenzado a narrar. Para no meter en problemas a mi memoria digamos que lo que decía era que para este fin de semana se pronosticaban los últimos vientos fuertes y temperaturas bajas de la temporada; con cielos nublados, amaneceres frescos y atardeceres placenteramente cálidos, antes de que acometiera el aluvión de sol y calor que caracteriza a la región. A todas vistas, un clima típico de estas fechas por estos lados.

De nuevo en la mañana; en un acto que a veces forma parte de mi rutina, abro la puerta de entrada y salgo al patio en busca de mi mascota, una perra adulta rescatada hace ya algunos años que se integró de manera desprevenida a la familia; sale con ímpetu por la diminuta rejilla de su refugio donde pasa la noche, se estira y se encamina a mí toda vuelta un encanto, me agacho a su altura para rascarle las orejas recordándole que lleva rato sin bañarse y que el olor ya empieza a notarse; parece ignorar mi sugerencia y me mira con sus obstinados ojos brillantes perfectamente delineados mientras mueve la cola, como diciéndome “¿te olvidaste las llaves?”, en mi mente donde se lleva a cabo toda esta fantasía de conversación le contesto que no, las saco de mi bolsillo sin evitar que tintineen, ella se emociona mientras me levanto y quito el seguro de la reja, y como de costumbre me quedo asombrado una vez más por la impresionante velocidad con la que coge carrera para salir botando por la puerta cuando todavía ni terminó de abrirla lo suficiente para que quepa sin problemas. Salgo a la banqueta y paseó la vista por el vecindario sin pronunciar palabra alguna, no puedo evitar asentir con la cabeza mientras miro alrededor, en mi interior estaba impresionado de que el redactor de las noticias de ayer hubiera acertado con tanta precisión.

Mi ropa de dormir era lo suficientemente fuerte para soportar las tempestades de un clima inusitado y un resfriado común. A pesar de todo me sentía bastante cómodo, el ambiente estaba relajado y podía sentir en plenitud la brisa matinal que corría con el soplido del viento de un lado a otro de la calle. Pose la mirada al margen de mi visión, en la lejanía del boulevard que cruzaba el paso entre terrenos unas cuadras más abajo, note un poco extrañado que apenas cruzaban coches y personas, algo que consideré raro para ser un día laboral entre semana como cualquier otro. Con todo y eso no consideré que fuera de mi incumbencia lo que la gente decidiera hacer con su tiempo un jueves a las 6 de la mañana, sobre todo, cuando me regalaban instantes de tranquilidad como aquel. Fue quizá la inmensa quietud del momento y un cielo como aquel lo que hizo que me sumergiera en un estado de contemplación absoluta.

A menudo me pregunto cual es el sentido de la vida; si la verdad es algo posible de conocer, ¿Cuál es la distancia real a la que nos encontramos de alcanzarla?, ¿Es acaso que nacimos para perseguir un motivo mientras la vida se nos escurre entre los dedos de las manos?. Siempre he creído que la gente está naturalmente insatisfecha con su vida; si lo piensas bien , la vida nunca es lo que uno quiere, siempre queremos algo más, siempre buscamos algo más, siempre estamos deseando algo más; allá donde nos fijemos habrá algo mejor, algo mas nuevo, algo que necesitemos, algo que creemos fielmente que nos hace falta; ni aun en el final nos encontramos satisfechos. Me gustaría saber el momento exacto en el que nos rompemos y pasamos a convertirnos en seres incompletos. Hay tantas cosas que me gustaría saber.

Otra cosa que me pregunto con frecuencia es por que las cosas siempre parecen mejor vistas hacia atrás, por lo general, cuando ya no están. La mayoría de las personas recuerdan con añoranza sus días de infancia o juventud, sus “buenos momentos”. ¿Qué es lo que en verdad extrañamos?; siempre que intento llegar a una respuesta, por acertada que parezca, termina siendo un señuelo borroso, y me encuentro tan perdido como lo estaba al principio.

Como adulto he empezado a convencerme de la idea de que hay algo en nuestras vidas de lo que no nos percatamos, algo de lo que solo nos damos cuenta en forma de recuerdos, y ya tarde, nos decimos que fue algo de lo que no hubo suficiente. Hasta el momento no he logrado dar con ello, tal vez soy demasiado joven para acercarme siquiera; por lo que pensé que seria una buena idea hacer una lista de las cosas que parecieran nunca ser suficientes:


  1. Nunca leemos suficientes libros
  2. Nunca son suficientes los minutos en una canción
  3. No comemos suficientes pasteles de chocolate
  4. No es suficiente ver un buen partido de béisbol
  5. No hay suficientes buenos amaneceres
  6. No hay suficientes buenos atardeceres
  7. No reímos lo suficiente
  8. No callamos lo suficiente
  9. No soñamos lo suficiente
  10. No hay suficientes primeras palabras, ni primeros pasos, ni primeros dientes.
  11. No damos suficientes abrazos
  12. No damos suficientes besos
  13. No amamos lo suficiente
  14. Una vida no es suficiente


Algo que me resulta curioso es que al leerla me surge una sensación extraña, como si ese algo estuviera en medio, bailando entre una y otra. Una corazonada.

De vuelta a la mañana; parado en la esquina de mi banqueta, salgo abruptamente del trance en el que estaba; ensimismado por el viaje que emprendieron mis pensamientos, no me percate de que llevaba varios minutos volteando a la nada en completo silencio; Tal vez si alguien se hubiera paseado en ese momento por la calle hubiera resultado severamente ofendido al no ver contestada su proposición de buenos días. Afortunadamente nadie pasó; al menos no que yo me haya enterado.

Lo que hice después no encierra ningún tipo de enigmática; simple y sencillamente me sobrepuse a la impresión que causa ahogarse en sus propios pensamientos; di la vuelta y me encamine a la puerta principal de mi casa echando una sobria última vista atrás. A último segundo entreveo un firmamento de tonalidades grises, completamente cubierto de esponjosidad, la materia se esparce uniforme desde horizonte a horizonte y en un acto reflejo me pregunto por que seria que a muchas personas les resulta escaso de gracia un cielo como aquel. Fijó la vista en el tenue resplandor de un sol que acaba de asomar tras las montañas y lucha laboriosamente por llenar de luz el mundo. En un breve destello que me es lanzado de entre las nubes dudo con rigor y un profundo desasosiego sobre el mañana; para mi alivio, mi mente responde con la línea de una canción: “Oh, them Indian Scouts, man they’re built for speed”.  Entro en casa, no sin antes coincidir en que, como el ahora, algunas cosas están hechas para la velocidad, y se quedan, mientras nosotros seguimos.



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