miércoles, 23 de abril de 2025

EL CAMINO DEL ESCRITOR NOVEL



He mencionado en varias ocasiones por este medio de qué manera expreso mi relación con la escritura. Quiero pensar que la cuestión de si me considero o no alguien comprometido tanto con leer como escribir es un asunto pasado. Hoy puedo decir que ese aspecto de mi vida forma parte ya de mi identidad integral, un algo que no puede separarse ya del resto. De cierta forma me enorgullezco enormemente de ello.

Una creencia central bajo la cual justifique la actitud que quería adoptar una vez que estuviera en el lugar donde me encuentro, era que al igual que todos los demás, quería probarme a mí mismo el hecho de que puedo tener una obsesión con la cual comprometerme.

Es natural que todos tengamos algún tipo de obsesión, las hay de todos tipos y colores y para todos los tipos y colores de personas. Si dudas acerca de si posees una o no, tan solo mírate, piensa un momento, ¿Qué es aquello en lo primero en que piensas cuando abres los ojos por la mañana?, ¿O qué es aquello en lo que no puedes dejar de pensar en todo el día?; aquello por lo que sientes culpa; aquello en lo que probablemente estés pensando que deberías estar haciendo en este momento en lugar de estar leyendo este texto. Tal vez tengas una o dos respuestas, y te felicito, tienes una obsesión.

Las obsesiones están al por mayor en nuestra vida diaria; en la mayoría están presentes y son muy fáciles de identificar. Si eres lo suficientemente observador, ponte el ejercicio la próxima vez que salgas a una reunión con tus amigos, o tengas una plática con algún familiar o conocido; cuando estés en una charla sincera con tu pareja o tus compañeros de trabajo, etc. Primero que nada, se paciente,  tienes que esperar el momento adecuado, ese en el que el tema surge. Llegar a ese punto no es fácil, tienes que ser cuidadoso, necesitas tiempo, y muchas veces, ser buen conversador. Pero una vez que reluce es imposible no darte cuenta. Una vez que está ahí, que se ha presentado, fija tu atención en las palabras que utilizan, en el tono de su voz, en el movimiento de sus manos, casi siempre notarás que la pasión y la enjundia buscarán una vía de escape a través de esos canales. En ese momento, te darás cuenta de que el momento mágico ha empezado.

Solo ten en consideración; escuchar a las personas compartir sus deseos, sus aspiraciones y anhelos, es algo que es en verdad digno de privilegio. Hoy en día, en una sociedad extremadamente individualista en la que vivimos, es difícil no caer en los propios sesgos y prejuicios que malamente hemos desarrollado por una u otra razón, este tipo de mecanismos socialmente negativos nublan nuestras capacidad para lograr un entendimiento, una empatía y un sentimiento de felicidad genuina por el bienestar y la alegría de los demás. Esta es una forma de aspirar a la poca o mucha bondad que el ser humano merece. Así que cuando tengas la oportunidad, sea premeditada o casual de escuchar a alguien hablar de lo que le gusta, no lo discrimines, no lo hagas menos, ni siquiera expongas tu papel de crítico, concéntrate en lo positivo, en adoptar el papel de guardián ante alguien que probablemente se esté mostrando vulnerable, abraza la valentía de aquella persona por exponer públicamente su inseguridad. Sobre todo porque esto es algo que las personas solo hacemos con alguien en quien creemos que confiamos. No desestimes esa creencia, porque al desestimarla es como si te estuvieras perjudicando a ti mismo. Dime querido lector, ¿Es acaso que no te crees digno de salvaguardar la confianza que alguien más ha puesto en ti?, claro que lo eres. Exhortar a ti mismo a volverte la persona que los demás piensan que eras. Claro, lo digo asumiendo que esa persona cree genuinamente que eres alguien que vale la pena.


Volviendo al tema de las obsesiones. Desde hace unas semanas planeé metódicamente la forma en que quería desarrollar todos los aspectos que envolvían la configuración de mi rutina diaria. Estando en un nuevo ambiente, con un entorno y a la mejor actividades y responsabilidades diarias distintas; se me hizo imperante el hecho de hacer un ajuste serio. Eso incluye tanto la manera como los temas de lo que iba a escribir.

Hace unas entradas mencioné que probablemente iba a traer actualizaciones un poco menos frecuentes por la gran cantidad de cosas que estos días he tenido que poner como prioridad. Estoy pasando por un proceso de transformación que no logro entenderlo del todo, que de igual manera pienso que lo importante no es enfocarse en entenderlo, si no en atravesarlo de la mejor forma.

Dicho esto, considero, que he hecho una infinidad de cosas y que a la vez no he hecho nada, ese típico sentimiento de pura ambigüedad. Dentro de las cosas que he hecho es someterme casi obligado a no apartar ni desestimar el tiempo que le dedicó a leer y a escribir. Antes mencione que mis objetivos aquí (en la nueva ciudad con mi nueva vida), constan más que nada en probarme puntos, y uno de esos puntos es probarme que puedo comprometerme con algo al grado de la obsesión. Tal vez la palabra que estoy usando le de un tono tóxico y malogrado a lo que estoy tratando de expresar, pero a mi me funciona de maravilla.

A lo largo de mi vida he sido alguien que ha utilizado su tiempo en una cantidad de cosas muy diversas, es por lo mismo que hoy en día considero que cosechó en tema de gustos una gran cantidad de temas; y de todo lo que me gusta casi me gusta por igual, hablo del mundo de los deportes, de la música, del cine, de la literatura, de los videojuegos, etc. Si bien nunca me he considerado un experto, disfruto enormemente de documentarme y profundizar más y más en cada uno de ellos. Ahora bien, si le he dedicado tanto tiempo a estos casi por igual, significa, y es algo que hasta hace muy poco figuré, que nunca he profundizado de verdad en algo. Y eso no es elemento de culpa magna, es decir, es cuestión de cada persona el saber que tanta atención, esfuerzo y recursos vas dirigir hacia tal o cual aspecto de tu vida, eso corresponde a cada uno como individuo. Mi problema llega al analizar la situación en la que me encuentro ahora, donde estoy en un punto en el que quiero dedicarme a algo que me apasione, pero no tengo, ni las credenciales, ni el conocimiento que debería tener para mi edad y mi posición, y todo ello, por que nunca me concentre verdaderamente en algo. De niño tenía mis gustos, pero siempre consideraba que tenían un límite, nunca tuve una pasión que me desbordara, que no pudiera contener, que hiciera que prefiriera desvelarme cada madrugada.

Hasta hace poco me interesé de la manera más fortuita en la literatura, descubrí, casi por accidente, que lo que me ofrece el mundo de los libros y las letras era algo que necesitaba, y que ni siquiera sabía que estaba buscando. El gusto se transformó en pasión y la pasión en obsesión, y por ello hoy estoy como estoy. Uno de los puntos que quería probarme a mí mismo es que era capaz de comprometerme con este lado de mi a un grado de severidad, no tan solo probarle a los demás de alguna u otra forma que me estaba tomando las cosas enserio,  si no convencerme fehacientemente a mi mismo de que puedo canalizar mis energías y mis potencialidades en ello, al nivel de superar los límites, o de traspasar aquellas barreras que por lo general, por ocioso o temeroso, no me atrevo a romper. Es por eso que decidí que la cuestión de que perteneciera a mi rutina en forma de un algo que no solo estuviera presente, si no también insistente. Estoy escribiendo y leyendo mucho.


Ahora bien, tal vez como lector de preguntes donde está todo eso. Es cierto que el diario ha sido mi principal forma y medio de expresión, pero a lo largo de mi historia no ha sido la única. En algunas entradas llegue a comentar que he intentado muchos formatos y medios, pero nunca alguno me funcionó de manera como el diario, es decir, que representara un lugar donde me sintiera cómodo, que pudiera utilizar tan libremente y que pudiera explorar tan quitado de la pena. Pero es algo que no me ha mantenido conforme, y en cierto sentido lo considero algo bueno; porque ello significa que deseo y que ambiciono más, algo por lo que me puedo esforzar más allá del miedo.

Hace unos días me atreví a comenzar algo que desde hace mucho tiempo había intentado de manera infructuosa. En cada ocasión que me daba el permiso de escribir ficción fracasaba estrepitosamente, y no solo por que era malo (aún lo soy), si no por que la desidia y  pánico a creer que no tengo las capacidades, y que ni siquiera tengo la habilidad de atreverme a saltar a lo desconocido, con el fin de aprender.

Todos estos últimos meses he guardado en mis notas una cantidad increíble de ideas, la mayoría son pensamientos primitivos que me gustaría tocar aquí en el diario, o bien, ideas de diálogos, frases o fragmentos de algunas obras y autores que me han inspirado para reflexionar en profundidad. Pero además de todo ello, he guardado unas pocas ideas de tramas, que han nacido como semillas sagradas, aparentemente de la nada. Estas ideas han sido el embargo de mi curiosidad. A diario, cuando repaso mis notas, las veo y no puedo evitar preguntarme qué estarán haciendo detrás del telón, que ropas estarán vistiendo, que esconderán bajo las faldas, cuál será su varadero rostro; y nunca me había atrevido a asomar; hasta ahora.


Hace días comencé a escribir lo que en mi imaginación se ve como una novela. Además he estructurado un par de relatos. No me gustaría revelar públicamente los detalles sobre ella ni ellos, pero es algo que con el tiempo sabré cómo manejar. Por cierto, todo es ficción.

Hasta ahora pienso que las cosas van bien, los días que me he sentado al escritorio con el fin de concentrarme totalmente en escribir he sido mucho y por demás, muy productivo. Si he querido acabar la sesión con 2 hojas, termino haciendo 6, 7 o hasta 8. Que sean buenas o estén pulidas es otra cosa, pero como dicen todas las madres, por algo se empieza.

No se que extensión tendrán ni a dónde irán a parar, lo que si es que son cosas sobres las cuales pende un hilo de compromiso; tengo una espina en el pecho que no me deja respirar, y siento que no lo hará hasta que las vea terminadas, o al menos, no estaré conforme hasta que considera que aquellas semillas que vi sembradas se conviertan en verdaderas historias. Después de todo, estoy firmemente comprometido con el mundo de las historias. A veces pienso que me ha absorbido, que mi alma le pertenece.


La razón de revelar todo esto (y de escribir esta entrada), es dar una explicación. Es obvio que no quiero abandonar el diario ni lo que he construido, de hecho, es un proyecto a parte con el que también estoy comprometido, y que para ser sincero va muy bien. Tal vez, como dije, las entradas sean menos frecuentes, o más cortas, pero seguirán y seguirán siendo tan sustanciales como lo han sido.

Parte de no haber escrito estos últimos días es a razón de esto, que me he enfocado; una, en hacer de mi nueva casa un lugar apenas decente; y dos, que he estado experimentando escribiendo otro tipo de cosas. Por cierto, quiero volver a escribir reseñas sobre los libros, películas o videojuegos que consumo, así que probablemente también sea algo que se empiece a ver frecuentemente por aquí.

Como persona, ser nombrado “autor” es un sueño al que quiero aspirar. Es algo de lo que simplemente no me puedo deshacer; como si tuviera que empeñarme, aunque tal vez no lo logre, en convencerme de que sirvo para ello.


Con esto, hemos llegado al final de la entrada querido lector. Ha sido un momento muy grato, casi como una confesión que pugnaba desde hace mucho por salir. Yo lo he disfrutado bastante y espero que tú también.

No se si exista un mensaje en todo el texto previo, pero si consideras que no, te dejo uno breve:


Muchas personas hablan del privilegio que supone el factor de nacimiento o de la gratificación de oportunidades que se le asigna a cada uno a lo largo de su vida. Vemos esto como la ventaja principal para el desarrollo de la virtud y la potencialidad personal. Pero me niego fielmente a creer que es todo lo que existe, inclusive me niego a darle la importancia que merece; porque aunque los casos sean contados, las excepciones existen, y muchas de esas excepciones han luchado por hacerse a sí mismas. Cada vez me convenzo más de que cuando algo en verdad te apasiona, haces todo por ello, haces hasta lo imposible por lograrlo, intentas e intentas e intentas y desfalleces en el intento, y aun cansado y completamente derrotado lo vuelves a intentar. Porque cada que excavas en tu interior, te das cuenta de que aquello a lo que aspiras no es un simple capricho, sino una cuestión de identidad propia. Algo orgánico que te constituye al más mínimo nivel; Algo que te impulsa a morir intentándolo antes de conformarte con la idea de vivir sin ello. Porque en el fondo, más allá de las fronteras de tu alma y el deseo, te has convencido de que no puedes vivir sin ello.



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