Me resulta curioso darme cuenta que estamos entrando en lo que sería la recta final de mayo y solamente ha habido una entrada en el diario en todo el mes.
Anteriormente había comentado que por unas serie de razones personales tanto el ritmo como el estilo y el formato de las entradas iba a cambiar drásticamente. Ha resumidas cuentas estaba entrando en una etapa de mi vida donde se estaban presentando una cantidad vertiginosa de cambios de carácter significativo a los que tenía que poner mucha pero mucha atención. Estaba pasando por las típicas cosas del inicio de la vida adulta; recién estaba mudándome a una nueva ciudad completamente solo, encontrando un nuevo trabajo, poniendo en forma mi nueva casa, rehaciendo estilos de vida, retomando antiguas amistades, etc. En fin, fueron días a su manera exhaustivos, donde puse muchas cosas de mi vida en pausa, patrones que venía siguiendo desde hace buen tiempo, que tuve que detener por la idea de concentrarme en estabilizar mi mundo.
No sé aún si para mi buena o mala suerte esos días no han terminado, de hecho, considero que no han hecho más que empezar. Una oferta de trabajo repentina en mi ciudad natal me tomó por sorpresa y me hizo volver un tiempo, afortunadamente conseguí quedarme con el empleo y ahora tengo un cimiento laboral que me respalda, un cimiento del que soy ahora total y enteramente responsable; pero ese es un tema para abordar otro día.
Como todo, el nuevo empleo trajo consigo buenas noticias pero también nuevas situaciones para tomar en cuenta. El súbito y conveniente cambio de lugar hizo que me replanteara la idea de si era viable en este momento el hecho de mudarme solo y mantenerme firme y anclado a un nuevo sitio donde estar y construir una vida a futuro. Toda la planeación y las ideas que tardé semanas edificando se tambalearon bajo el juicio de volver a tener que comprender y encauzar mi situación actual y mis próximos deseos. Me estoy empezando a convencer que en la edad en la que estoy eso es algo que va a suceder a menudo, y que sería mejor que aprendiera a acostumbrarme antes de dejarme encontrar por la emoción cada vez que suceda.
Como tal, en este momento me siento como un alma errante que viaja de un punto a otro sin un sitio seguro, sin una base, sin un terreno fijo, sin un lugar al que pueda llamar hogar. Creo que es algo que forma parte del proceso de crecer, madurar y hacerse un lugar en el mundo. Al fin de cuentas, no sé qué autor fue el que dijo algo parecido a: “Ya no creo que el hogar sea un lugar. Creo que más bien es un estado mental”; pero cada vez estoy más de acuerdo con él.
Me estoy enfrentando a nuevas experiencias que me rebasan, pero basta decir que lo estoy haciendo con las mejores expectativas autoimpuestas; me llena de emoción tener la oportunidad de florecer en un camino que hasta cierto punto pensaba que era infértil e inhóspito. Cuando por mucho tiempo te esmeras en aprender a ver la vida como un negro absoluto, llega un punto culmen en el que te cuesta creer que haya algo mas que eso, un mundo en el que existen cosas igual o hasta mas verdaderas que el dolor; construyes alrededor del vacío, sin darte cuenta que fuera hay cosas que que son hermosas y son valiosas, y que además, son importantes.
Claro que también tengo miedo, nervios e inseguridades, algunas me dominan, pero como dijo otro autor cuyo nombre tampoco recuerdo (soy pésimo con los nombres): “el problema se soluciona caminando”.
Fuera de continuar hablando del por qué he estado tan ausente las últimas semanas, me gustaría actualizar un poco el cómo se encuentra todo a mi alrededor, pienso que como lector, si has llegado hasta este punto, te lo mereces.
Aunque han sido días muy ocupados donde mi mente ha viajado en direcciones específicas, también he tenido espacio donde me he permitido el seguir divagando, el seguir consumiendo y seguir creando. Este mes he retomado con bastante buen ritmo y placer mi pasión por ir al cine; la última semana pase una cantidad considerable de horas dentro de las salas de proyección y aun así siento que me han faltado unas cuantas más. Aunque a un ritmo no tan bueno como me gustaría, sigo escribiendo mis historias y se me han ocurrido un par de buenas ideas más. Como era de esperarse, he seguido constante con mis hábitos de lectura, tanto en el mundo de la literatura como en el mundo del cómic (si es que esa separación existe). Termine “22/11/63” de Stephen King, una novela extensa que era algo que hace mucho tiempo no hacía, también estoy explorando clásicos universales como “Fahrenheit 451” del legendario escritor Ray Bradbury; o el conocidísimo “El Maestro y Margarita” de Mijaíl Bulgakov. De momento no sé si escribiré una reseña de alguno, tal vez en un futuro cercano vuelva a plantearme la cuestión de manera más seria. En los cómics, como he terminado ya la serie principal de “The Sandman” de Gaiman y compañía, he querido seguir explorando su universo con las ediciones especiales de la franquicia incluidas en la línea del 30 aniversario; termine el volumen 11, un recopilatorio de historias individuales sobre “los eternos”, y próximamente me encuentro corto a empezar el especial de “Cazadores de sueños”. También retome el popular universo superheroico de Batman que tanto me gusta; termine el número especial de “Batgirl: Year One” y me encuentro leyendo la secuela argumental de Hush: “The Heart of Hush”.
En otros aspectos como la música o los videojuegos las cosas han ido un poco más lentas pero igual de satisfactorias, gracias a mis incursiones recientes en salas de cine me dado la oportunidad de descubrir gustos que no sabia que tenia como la música blues antigua y el rock de los años 50’s y 60’s; desperté por completo mi lado mas viejo.
Por otro lado, volví a mis raíces al decidir acabar la versión original de Pokemon Esmeralda, y me emociona la idea de continuar el sentimiento con otros como Pokemon Diamante o Heartgold. Además, pronto se abrirá el servidor oficial en Latinoamérica del clásico juego “Ragnarok Online”, un juego buenísimo que marcó enormemente mis primeros años de adolescencia.
Eso en cuanto a mis pasatiempos, en cuanto a mi vida en general que te puedo decir, seguramente no mucho. He pasado buenos momentos junto a mis seres queridos; he extrañado a quienes ya no están durante noches que me parecieron eternas; he sonreído mucho, me he carcajeado un par de veces, y llorado unas cuantas más. Me he dado cuenta que la gente debería regalar mas flores, y estoy pensando seriamente en que nunca es tarde para aprender a bailar. El clima no ha estado tan mal, el calor hace deliciosos los vasos de té frío, las nubes van de estación en estación y las estrellas siguen parpadeando en el firmamento. Me han pasado cosas tanto buenas como no tan buenas; he disfrutado de buena compañía y de buena soledad; me enoje seriamente en una ocasión, inclusive planee destruir el mundo, pero me di cuenta que es el único lugar donde venden gomitas con forma de tiburón, así que me retracte. Pase una tarde entera con un amigo que tiene demasiado pelo y he cenado varias veces con amigas a las que pienso que les falta pelo; le di trabajo a una buena persona, le di buenas propinas a varias y la otra noche casi me convierto en el criminal más buscado del barrio. He aprendido a cocinar el mejor spaghetti que he probado y me he vuelto enemigo de las latas de elotes en grano. Me he deleitado con un par de ojos y unos cuantos labios, las palabras siguen siendo tan hermosas como siempre lo han sido y me he sorprendido al recordar cosas que me encantaban de lugares a los que pensaba que nunca jamás me gustaría volver.
En general, la vida ha estado bien últimamente, nada en especial, simplemente ha valido la pena, tiene que hacerlo.
Como ven, aunque ha pasado tiempo no muchas cosas han cambiado. Esta semana tengo la agenda casi llena y casi todos los pendientes que la ocupan evitan que tenga el tiempo y la energía suficientes para sentarme a escribir, sobre todo algún tipo de ensayo o reseña, esas son cosas que requieren tiempo, atención, cariño, y un mínimo de esfuerzo; es por eso mismo que no me gustaría venir y publicar una entrada a la que no le pueda dedicar algo de eso; las ocasiones en la que lo he hecho siempre me ha resultado contraproducente, no quedó conforme ni con el resultado ni con el acto de haber escrito, porque aun encuentro cierta pasión inexplicable en el acto de escribir. Es un lugar y un momento que ha ratos parece un poco más desértico que de costumbre, pero en el cual, estando solo, encuentro cosas maravillosas, donde me transporto a lo desconocido y alcanzó partes de mi igual de magníficas y enigmáticas, pienso que mientras siga sintiendo algo como eso la escritura seguirá ocupando un lugar en mi vida.
No prometo nada en cuanto a constancia, al menos no de momento, pero me da gusto volver de vez en cuando, me da gusto llenar las páginas, me da gusto inventarme cosas, y sobre todo, me da gusto que exista un lugar como este, bastiones de esperanza a los que podemos ir y donde podemos ser nosotros mismos, donde podemos sentirnos vivos, y más que cualquier cosa, donde podemos creer que somos libres.
Estos días me he dado cuenta que hay una gran cantidad de cosas que he aprendido a ver desde otra perspectiva; la perspectiva de encontrar bondad y significado antes que otra cosa. No se si eso sea una clase de elección, pero de lo que sí estoy seguro es que no es algo fortuito o indeterminado, si no el resultado de una vida que se encuentra en constante transformación, en constante aprendizaje.
Ante todo, espero que estés bien querido lector, que te encuentres en el lugar donde quieres estar, y si no, que te encuentres en camino hacia el, en constante búsqueda de lo que consideras que mereces, por que lo mereces todo.
Y como siempre te recuerdo, no a pesar de, sino a razón por: lo que más me da gusto, es que sigas aquí.
🩵

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