Más de 2 semanas después de nuestro último encuentro me hallo grato de decir que se siente bien estar por aquí una vez más. De hecho, he pensado que debería dejar de mencionarlo en mis entradas, siempre que tardó más de 3 o 4 días en publicar algo nuevo inicio siempre con lo mismo, y tal vez ya llego a cansar, a mi como lector me lo parece. Así que considérese esto un primer aviso.
Este es un fin especial, pues mientras escribo esto, en alguna ciudad decadente, famosa, sobrepoblada y llena de problemas sociales de los Estados Unidos de América se celebra el renombrado evento que ahora se conoce como “NO-E3”. Una cumbre de los videojuegos que representa el mayor espectáculo de lanzamientos anuales en cuanto a las propuestas de todas las desarrolladoras y publicistas de la industria mundial. La gente y los medios esperan una que otra sorpresa en lo referente a títulos, pero sobre todo esperan una transformación en el paradigma que prevalece en cómo vemos y consumimos la industria hoy en día. El mundo de los videojuegos, como el resto de mundos, se está yendo a la mierda, y todos piensan que urge un rescate vital de la mano de algún héroe desconocido que haga que renazca ese viejo sentimiento de cariño que hoy se estima con añoranza. Estoy de acuerdo en parte con ellos, con esta visión anticuada y pesimista, que en parte también hoy prevalece como un estilo de mera apariencia más, del que muchos imbéciles sin capacidad para construir una identidad propia se pueden aprovechar. Pero en el fondo creo que es verdad, antes las cosas se sentían más personales, más propias; uno mismo, además de sentirse dueño de lo que tenía entre manos, se sentía parte de ello, de la historia, de los personajes, de los que está pasando frente a sus ojos, inclusive de todo lo que rodeaba esta experiencia y que a veces no notamos. El ir a la única tienda especializada de la ciudad o al viejo mercado a conseguir una copia de tu videojuego o tu película favorita, el reunirte con individuos igual de perdedores que tú que disfrutan de la magia de la imaginación común que casi los vuelve familia. El ahorrar semana tras semana pasando hambre en los recesos o perdiéndote de comprarte una birra en tal o cual salida los fines de semana. Todo para poder disfrutar de tan esperado lanzamiento que te había cautivado en la revista que tu madre te compró en la fila del supermercado para que te callaras de una vez, o del te habías dado cuenta charlando con los mismos perdedores de antes por Teamspeak o Curse voice.
Tal vez todo esto sea un efecto secundario de la nostalgia que hoy domina la mentalidad de todo ser humano y que nos enferma al convencernos de que el futuro pinta como una alternativa tan horrible que solo nos queda vivir extrañando un pasado remoto, imposible y que aunque parezca violento e incivilizado, aun huele a una taza de chocolate caliente con pan recién hecho por la mañana; aun tiene la estética de cabellos alborotados y uniformes escolares con manchas que el detergente común no quita; suena a canciones mal sintonizadas en la radio, y sabe a besos de buenos días, o a algo parecido. Mucha gente no sabe lo que es el hogar, pero está de acuerdo conmigo, que cosas como esta se le acercan bastante.
Ahora que hemos acabado con la parte melancólica de cada entrada, puedo pasar a hablar de temas de actualidad.
Como mencione en la publicación anterior de hace casi 3 semanas; estos días han sido una revolución, mi vida ha pasado de estar quieta a dar mil vueltas por segundo, el nuevo trabajo casi ni me da tiempo de respirar, y se que se escucha como la típica queja de un joven moderno que se caracteriza por la extrema aversión al esfuerzo, al trabajo, a la disciplina y al sacrificio constante, y es cierto, después de todo, a quien carajos le gusta no dormir bien, estar todo el día estresado, lidiar con gente maleducada y sin valores, comer asquerosamente, soportar ambientes de trabajo deleznables, etc. Y todo por un sueldo mísero y sin ningún tipo de reconocimiento y derecho, tirando a la basura los mejores años de tu vida.
Pero bueno, dirán los adultos “bien hechos” y “mejor formados” que es a lo que uno se tiene que atender y soportar si quiere formarse un lugar en la vida. Por un lado estoy de acuerdo, pero por otro solo quiero decirles: “Coman mierda”.
En fin, dejando de lado lo atareado que me encuentro, es bonito encontrar tiempo para ciertas cosas, continuó disfrutando enormemente de mi afición por ir al cine. La semana pasada fui a ver una obra que llevaba demasiado tiempo esperando: “Ballerina”. Un spin-off de la saga-universo de John Wick, quizá mi franquicia de películas de acción favorita. La verdad me decepciono un poco, la puesta en escena de Ana de Armas es buena; las escenas de acción son típicas; se hace una severa cantidad de guiños a la serie principal que no me terminan de gustar, de hecho, las escenas de inclusión de Keanu me parece que estuvieron metidas de manera super forzada; están ahí por mero “fanservice”, hasta cierto punto pudieron habérselas ahorrado, porque ni siquiera las terminas por disfrutar. La escritura y el guion me parecen una basura, y muy a mi disgusto, esta película es una prueba más de que no debemos de consumir cine doblado, el doblaje de esta película arruinó por completo mi experiencia. Hubiera preferido que olvidaran por completo la saga principal y que utilizaran los recursos del universo para crear una historia única, autoconclusiva y lo más alejada posible de lo que un partidario defensor de John Wick y su perro pudieran esperar. Pero bueno, al menos las palomitas estuvieron bien.
Por otro lado, he reorganizado mi plan de lecturas, no sólo a corto plazo, sino también en vistas de hacer más ameno mi ritmo de lectura a largo plazo ahora que encuentro menos tiempo para sentarme a leer. En este momento estoy leyendo la primera parte del volumen editado en español de “Las cuatro estaciones” de Stephen King. Tengo en las listas próximas obras como “El sueño del Fevre” o algunos más clásicos como “Rebeca” o el primer libro de “Dune”. Además, para mi buena suerte, a mediados de este mes sale la versión en español del nuevo lanzamiento de Stephen King: “No tengas miedo”; que por seguro tendré en mis manos justo cuando sea posible adquirirlo. En cuanto al cómic tengo pendientes algunos volúmenes de Batman y terminar otros especiales de The sandman. Nada estaría fuera de lo normal de no ser por Alan Moore, un autor que últimamente se ha convertido en uno de mis favoritos.
En el apartado de la música me he mantenido bastante alejado, la última semana estuve disfrutando de algunos sencillos nuevos de artistas que sigo, como el sencillo de temporada “El mendigo día del padre” de José Madero, o el divertidísimo single de verano “Manchild” de Sabrina Carpenter. Por otro lado he incluido a mis listas por escuchar algunos discos como: “The secret of us” de Gracia Abrams; “I'm the problem” de Morgan Wallen; “We were Cowboys” de Kameron Marlowe; o el ya de costumbre “Malcriado” de Lasso. No sin mencionar lanzamientos próximos que espero con ansias como el recopilatorio “Tracks II: The lost albums” de Bruce Springsteen o “Learn the hard way” de Jordan Davis. En cuanto a música estamos simplemente bien.
Por último, y es con lo que me gustaría cerrar. Es que me gustaría compartirles una reciente afición que he adquirido, y es nada más y nada menos que el gusto por los relojes Casio. Quienes son cercanos a mi reconocerán que soy una persona que siempre ha optado por adherirse a las costumbres más minimalistas y simples de la vida, es algo de lo que disfruto en general, moda, tecnología, las versiones de las cosas que consumo, etc. Todo, entre más sencillo sea, para mi mejor. Y los relojes Casio tienen esta aura, esta estética y sobre todo esa funcionalidad. Nunca he sido mucho de joyería, ni por coleccionar ni por verla como un lujo de vestimenta o de alardeo de recursos; ni siquiera como un ahorro. Los relojes Casio no son nada de ello, se ajustan perfectamente a lo que busco, que es: “lo más simple y sencillo de algo”.
Hace tiempo tuve un reloj Casio modelo A168 que me regaló alguien muy especial, y no se si fue por ello, pero puse en él un especial afecto desmedido. Desafortunadamente ese reloj pasó a mejor vida con el tiempo, pero el amor que sentía por él permaneció. Hoy en día ni el reloj ni la persona que me lo dio siguen presentes. No muchos sabrán pero un reloj para el labor enfermero es vital, al verme la muñeca vacía el primer día de trabajo pensé que eso no podía seguir así por mucho tiempo; recordé mi antiguo reloj Casio, y no lo dudé ni por un momento.
El martes me llega una versión multicolor del Casio A168WEM, que me parece preciosa. En cuanto a ti, querido lector, espero que donde sea que estés, tengas momentos de felicidad tan intensos como yo; cuando veo mi reloj y recuerdo.
⌚

No hay comentarios.:
Publicar un comentario