William Golding es hoy en día un autor clásico que es conocido enormemente por el estilo y la temática que empleaba en su obra. Golding era en su tiempo un especialista observando su mundo y retratándolo fielmente en el papel. Sus obras versan sobre temas tan diversos pero que mantienen un hilo conductor común. En su repertorio podemos encontrar aquel material que habla sobre la fragilidad que tiene nuestra civilización a diferentes escalas; aquel que busca explorar la naturaleza de la conducta humana; o también aquel que trata de describir cómo las personas reaccionamos ante las vicisitudes de un mundo salvaje, ante el desorden y la barbaridad, y la manera en que lo afrontamos.
Precisamente, es en este marco de temáticas centrales que se encuentra “El Señor de las Moscas”. Obra que vio la luz pública un 18 de septiembre de 1954 como la primera novela del autor y por la que trascendería la frontera del tiempo y sería reconocido internacionalmente hasta nuestros días.
Golding que hasta antes de ese momento había pasado la mayor parte de su vida como profesor de colegio y cumpliendo su servicio militar como marinero en la época de la segunda guerra mundial; una experiencia que sin duda podemos imaginar marcaría profundamente su forma de escribir. Golding combinaba sus labores habituales con el sueño de escribir poesía; práctica que llevaba desarrollando desde sus tiempos como estudiante de literatura.
Fue hasta el año 1952 donde comenzó a trabajar en un libro en prosa que llevaría por título “Strangers from Within” (Extraños desde el interior, por su traducción al español). Algunos años después este libro sería rechazado por una numerosa cantidad de cabezas editoriales que desdeñaba la calidad de la obra y las credenciales del autor.
No fue hasta que una casa independiente de publicación editorial llamada Faber & Faber, ubicada en Londres, le dio la oportunidad. Tras unas cuantas revisiones y ajustes, Strangers from Within sería reemplazado como título por “Lord of the Flies”. Un nombre que encabeza un libro que hasta hoy guarda los ecos de una severa cantidad de generaciones de lectores que han aclamado el trabajo que el autor hizo en él. No es por nada que a Golding se le concedió uno de los reconocimientos máximos en el ámbito literario, galardonándolo en 1983 con el premio nobel de literatura, «por sus novelas que, con la perspicacia del arte narrativo realista y la diversidad y universalidad del mito, ilumina la condición humana en el mundo de hoy en día»
El Señor de las Moscas está inspirada directamente por una obra antecedente titulada “La isla de coral”, del escritor escocés Robert Michael Ballantyne. Una novela de aventuras publicada en 1857 que nos cuenta las travesías de un grupo de jóvenes ingleses que quedan varados en una isla desierta y prosperan a través de la exaltación de sus valores, tales como la valentía, la unión, la cooperación, la armonía, el respeto y el mantenimiento de sus creencias religiosas y morales.
Una novela armónica, cuya trama sobrepone los valores de la prosperidad y la superación. Un contraste totalmente inverso a lo que supone la obra de Golding.
El señor de las moscas nos cuenta la historia de un grupo nutrido de muchachos ingleses que han sufrido un horrible accidente que los ha llevado a encontrarse atrapados en una isla desconocida. En esta isla se encontrarán perdidos, desprotegidos y olvidados por el mundo exterior y los adultos que lo ocupan. A lo largo de la historia se nos presenta cómo estos muchachos formarán relaciones los unos con los otros y cómo se organizarán e implementarán lo que ellos entenderán como las reglas y roles fundamentales que buscarán procurar la supervivencia del grupo ante un inminente rescate.
Lo que los jóvenes no tendrán en cuenta es que esta será su primer encuentro experimentando conceptos tan complejos de la humanidad, como lo son la violencia, la crueldad, la desesperación, el inconformismo, los intereses individuales, y el conflicto entre las diferentes formas de pensar y actuar. Situaciones para las que obviamente no estarán preparados, demostrando pronto, que la rudimentaria sociedad que han creado se irá al quiebre, decayendo en una escena de pura primitividad guiada por los instintos más básicos y despiadados del corazón humano.
La historia de este libro es cruenta, negra, oscura, feral, y en cierta medida fuera de sentido, y así lo expone desde el principio, por lo que tú como lector te puedes esbozar una idea del tipo de lugar al que estás entrando. No verás un decaimiento brusco o súbito, sino que experimentarás toda esta vorágine de eventos paulatinamente, sentirás a piel viva como los muchachos y su mundo paso a paso se transforman en un cúmulo de individuos salvajes.
En cuanto a las impresiones que te deja puedo decir que es una novela que es mayormente compleja, a partes con un contenido muy visceral pero que no es tan explícito como lo puede ser una obra común del género de horror. En ese sentido, no es un libro que provoque un horror mundano; hasta las emociones que te causa son más complejas, más alimentadas, más estructuradas, parten del pensamiento previo, y por lo tanto, se convierten en impresiones más fuertes, que resuenan.
En la continuidad; no es una novela fácil ni placentera por la que navegar, pero si es una novela que puede ser enormemente rica en significados y oportunidades de reflexión. Y para comprenderlo y experimentarlo de la mejor manera, será básico y fundamental que sepas interpretar tanto el lenguaje como el simbolismo que contiene; aspectos de interés central en la obra y de los que me gustaría hablar, sobre todo de este último, porque vaya que de este último hay muchísimo.
Tengo una ligera sensación agridulce en cuanto al lenguaje y la escritura. No dudo ni pongo en juicio la capacidad de Golding para escribir y abordar las cuestiones técnicas; al contrario, la reconozco tal cual reconozco su experiencia y trayectoria como autor aclamado y favorecido. El tema es, cómo experimenta una persona común el lenguaje utilizado en El Señor de las Moscas.
Esta obra juega con la forma en que la persona lee y entiende y procesa aquello que lee. Si uno lo desea puede encontrar un motivo para ser así de las diferentes formas en que el texto se construye a lo largo de la narrativa, uno puede creer entender el por qué Golding en ciertos momentos parece tener una voz que es de una forma u otra, y creo que es así por que el libro entero depende de la cuestión del simbolismo; que revisaremos más adelante; pero en cuanto a eso, si a simbolismos nos vamos podemos justificar hasta como Jesús convertía el agua en vino.
El lente bajo el cual me gustaría analizar el lenguaje de El Señor de las Moscas es algo que yo suelo llamar “análisis de pantalla”, que suena como sacado de la manga pero así lo es.
El argumento de la pantalla es valorar los elementos de la estructura de un texto simplemente tomando en cuenta la presentación tal cual está en la página y tal cual una experiencia de lectura común se desarrolla, y mediante la cual, cualquier persona lee algo en su nivel más elemental. Bajo ese lente, a mi me parece que la narración de Golding es rara, sobre todo al principio, y más aún cuando se presentan los diálogos, yo los sentí a momentos forzados y cruzados, difíciles de seguir. En algún punto llegué a sentir que me estaban engañando, me llegó a parecer un poco antinatural la forma en que los niños hablaban y se comunicaban unos con otros, simplemente no me la estaba creyendo, y así dure varios capítulos al inicio.
Fue hasta mucho después, tal vez por la mitad del libro, que empecé a sentir un poco más de coherencia; tanto en los diálogos, como en las formas de pensar, como en la conducta de los personajes y la forma en que se relacionaban con su entorno. A partir de ahí puedo decir que el libro “empieza” a tomar un ritmo. Antes se siente como si todo estuviera despegado con todo, el lenguaje, la narración, la historia, etc. Esto provoca una sensación de fuerte impacto, porque además de no ser un lector asiduo de obras clásicas y tampoco estar imbuido en una cultura donde este libro representa algo más significativo, me presente a esta obra casi casi como un lector novel, y tomando ese papel, la sensación no es muy grata; sobre todo si tienes en mente mantenerte leyendo hasta el final. Lo bueno, como dije, es que mejora con las páginas, y aunque tarda un poco, no es una novela tan larga en la que no se pueda justificar el tiempo y el esfuerzo que le tienes que dar ante el riesgo de sentirte desconectado y perder el disfrute de estar leyendo, como podría pasar con libros mucho más extensos, en los que sentir algo así puede ser mortal para el interés lector.
Ahora bien, podemos pasar a algo que tiene VITAL importancia en esta novela, el simbolismo.
La cuestión del simbolismo en la literatura es un tema demasiado extenso y abierto para dialogar, unos podrán erigir, derribar, defender y/o atacar tales o cuales posturas dentro de ese tema, tal vez sea una platica que no tiene fin, pero como este libro y este autor le dan una importancia mucho mayor, necesitamos sumergirnos en el.
Si yo pudiera definir El Señor de las Moscas me atrevería a decir que es una novela de símbolos, es literatura simbólica pura y dura. ¿A qué me refiero con ello?, pues es sencillo, me refiero a que este es un libro donde abundan los objetos y las acciones significantes, es decir, cosas a las que uno puede darle tal o cual significado o capacidad para representar una idea, y justificar con ello, tal o cual otra cosa; sean sucesos en la trama, sea el lenguaje o la voz del autor, o inclusive lo que uno puede llevarse del libro. William Golding es un experto en “retacar” de símbolos útiles y creíbles su narración, no son difíciles de hallar, y una vez encontrados, no son difíciles de interpretar, y por lo tanto, no es difícil hacer la conexión entre lo que son y lo que creemos que buscan representar. Por lo mismo es que todos podemos llegar a conclusiones similares, es por lo mismo en que podemos estar de acuerdo que la novela habla sobre la violencia, la crueldad, la formas y métodos y conflictos de las organizaciones sociales, el crecimiento, etc. Además, es la misma razón por la que todos podemos identificarlos y nombrarlos casi en plenaria, como cuando hablamos de la caracola, de la hoguera, de la bestia, de los jabalíes, de los lentes de Piggy, de la estatua (ofrenda) que hacen, entre muchos otros más. Los símbolos no se pierden, están ahí situados por el autor exactamente por y para algo, ayudan a lo que yo creo que es el chiste de este libro, que es mantenerte reflexionando acerca de las cuestiones del mundo real que toca, y con además, valerse de ellos (los símbolos) para acercarte a esa reflexión. Podría llegar a decir inclusive que la trama son los símbolos y los símbolos son la trama, es por lo mismo que dije que si quieres sacarle provecho a tu lectura, necesitas si o si enfocarte en ellos con especial atención.
En cuanto a los temas que toca, en mi opinión personal, es una novela que habla, sobre y ante todo, del miedo. La naturaleza de la emoción humana del miedo, algo fundamental para nuestra supervivencia.
Sin miedo no somos nada, tan solo especies sujetas a deseos; pero inclusive nuestros deseos están sujetos por el miedo. El miedo es una de las cosas más primitivas y sustanciales que componen la enteres humana. La novela lo retrata muy bien en todo, de manera muy pero muy extensa. Y además, es muy interesante como lo hace a distintos niveles, pues explora tanto el miedo personal (las inquietudes de Ralph, las inseguridades de Jack, las constantes aversiones de Piggy, etc.) como el miedo grupal (el miedo de los más pequeños; el miedo general al peligro que supone la existencia de una bestia; el miedo a no ser rescatados; etc.).
Si pones especial atención puedes observar cómo todo gira alrededor de ello. Los propios símbolos trabajan para representar ello, inclusive en contra, y por tomar un ejemplo de ello es el personaje de Simon, que a mi parecer representa la existencia de una consciencia en la que existe el miedo; es un hilo muy interesante de seguir, por como actúa, por como los demás lo tratan y por como termina. Es a ello a lo que me refiero que el tema central de esta novela es el miedo, y a partir de ahí se desglosa todo lo demás. Llegando a un final que a mi me gusto mucho y que cierra de manera clara y concisa, de hecho es un final fuerte, impactante, demoledor. La visión que ofrece un grupo inmenso de niños llorando como única respuesta a darse cuenta de que son personas incapaces de lidiar con el miedo de manera coherente y como la llegada de un mundo exterior que se supone es el responsable de protegerlos los sobrecoge y produce tal estímulo. A mi me pareció claro sobre todo cuando leí el extracto del final, un fragmento hermoso donde habla sobre la razón de su llanto, motivo de la pérdida de la inocencia y las tinieblas en el corazón del hombre. Es un cierre precioso, magnífico.
Tengo entendido que sobre todo en el mundo anglosajón, es una novela cuya lectura es común, tanto como lo puede ser cualquier libro que utilice el simbolismo como recurso principal, y que por lo tanto, puede ser aprovechado por las personas para utilizarlo como medio de aprendizaje de masas. De hecho, algo llegué a leer de que El Señor de las Moscas es un libro cuya lectura es común en los colegios de esos países. En fin, como conclusión te puedo decir que es un libro extraño en instantes, que no es placentero por la razón frecuente por la que las personas disfrutan de la lectura hoy en día. Es un libro con el que tienes que trabajar, de cualquier otra forma si solo te conformas con la trama terminaras aburriéndote y dejándolo de lado, o mucho más importante aún, no terminaras exprimiendo lo que este libro realmente tiene para ofrecerte; porque es un libro que tiene muchísimo de lo que hablar, tiene muchas cosas que decirte, que quizá como integrante de la experiencia humana común puedas ya saber, pero no deja de ser interesante verlo desde otro punto de vista, con una historia diferente, que tal vez, muy seguramente, termines apreciando.
Esta es la obra más famosa de William Golding, por la que su nombre es conocido y estimado, yo sugiero que si está dentro de tus piezas de interés le des una oportunidad. Te lo recomiendo si eres un lector paciente; si eres una persona a la que no le cuesta concentrarse; que no se indigna por que un libro le haga pensar; que puede llevar lo que se le da más allá de lo aparente; si no tienes problemas con las tramas oscuras, rígidas, crueles y envolventes; y sobre todo, si te interesa conocer el lado más salvaje del ser humano, ese que se oculta bajo la horrenda máscara de moralidad y buenas conductas con la que te presentas a diario, aquel al que te ves sometido cuando rebasas la frontera de la virtud y la decencia, cuando estas solo, de cara a lo desconocido.
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