En ocasiones, en mis momentos más introspectivos, me detengo a pensar en la abrumadora cantidad de cosas que no son dichas. Permítanme contarles una breve historia.
Hace unas 2 o quizá 3 semanas, cuando recién me encontraba en los primeros días dentro de mi nuevo trabajo, estaba intentando organizar un plan con un grupo de amigos que considero muy cercano. Digo intentando porque hemos llegado al punto de que nos resulta casi imposible el poder reunirnos el grupo entero. Hoy en día cada quien vive en su mundo propio con su rutina y sus propios asuntos que lo aquejan; lo cual me resulta tremendamente curioso; uno nunca piensa lo mucho que se aleja de los lugares y las personas con las que creyó en un determinado momento estar. La vida nos lleva en las direcciones más imprevistas, a veces pienso que vivimos engañados, con una falsa idea de control que terminamos por darnos cuenta que era una ilusión.
En fin, la idea inicial era ir a ver un juego de baloncesto del equipo local. En ese momento se encontraba disputando los play-off en la liga regional de baloncesto; y al pronóstico que tenían y en el camino que iba la serie; se esperaba que no llegaran mas lejos, por lo que este asunto y la condición de visitante hacían que tuviéramos una ventana de oportunidad muy pequeña para ir a verlos. Siendo sinceros, yo era el más interesado en ir a ver el juego.
La mayoría del grupo son mujeres, nos conocimos en la universidad, y como bien sabrán los hombres que tuvimos la experiencia de estudiar enfermería y después dedicarnos a ella; aprendes casi de manera obligatoria a estar rodeado de mujeres 24/7 los 365 días del año. De hecho es algo interesante el percatarse de cómo la conformación de tus círculos va cambiando. Esto trae tanto sus ventajas como sus desventajas; si eras alguien tímido o cohibido como yo y no sabias como dirigirte a ellas te resultara conveniente, pues aprendes a comunicarte con el sexo opuesto, comprendes como piensan, como viven, como se ven a si mismas y como ven el mundo, tanto lo bueno como lo malo, y es hasta cierto punto muy divertido y enriquecedor. En un mundo tan divisorio es grato tener la oportunidad de aprender sobre la otra mitad del todo.
El caso es que tal vez te topes con uno que otro punto negativo, yo por ejemplo, me hice más reacio a interactuar con hombres, adopte muchas maneras y costumbres femeninas que después ciertas personas me criticaban o me señalaban; en un punto hasta llegué a sentirme más seguro y confiado estando y hablando con mujeres que con hombres; en cierta medida hasta llegue a tenerles asco.
En fin, dejando la cuestión de género de lado, el chiste es que a mis amigas le interesa un bledo si los yankees metieron 4 home runs el último juego; si Curry o Durant metieron 60 puntos el partido de ayer o si el Tottenham o las chivas tienen a un prospecto de nivel generacional en sus fuerzas básicas. Por lo que planes de ese estilo son, si bien no desechados, bien recibidos a medias, les interesa salir, convivir, platicar de nosotros, disfrutar del ambiente festivo, tal vez tomar algún “drink”, y ver los gluteos de los jugadores. Lo cual no tiene nada de malo, yo me restrinjo a disfrutar de su compañía y disfrutar del fenómeno deportivo en solitario. Después de todo, creo que no sería lo mismo sin ellas. El mundo es mejor cuando tienes personas a las que llamar amigos.
Después de tanto insistir y coordinar esfuerzos no se logró, y no tanto por factor de disponibilidad o algún tema económico. Una de mis amigas comentó que la verdad no se sentía bien del todo anímicamente hablando, que últimamente estaba pasando por temas personales que le estaban comiendo la cabeza y que no creía que le fuera posible el poder disfrutar de andar en un lugar tan movido, tan lleno de gente y que requiriera tanta energía.
El tema es que tal vez me escuche presuntuoso, pero algo de lo que puedo presumir es que este grupo de amigos es profundamente empático y comprensivo, todos tenemos una curiosa tendencia a hacer de soporte cuando uno flaquea; tal vez, después de todo es por cosas como esa que seguimos juntos después de tantos años conociéndonos.
Los demás barajamos la posibilidad de posponer o cambiar el plan, por suerte una amiga y yo habíamos tenido una conversación donde convenimos que estaría grandioso juntarnos a asar bombones, hornear brownies y ver por enésima vez el concierto de “The Eras Tour” de Taylor Swift. Se lo propusimos a la amiga “bajoneada” y aceptó. Así teníamos ya confirmada nuestra reunión.
Llegó el día y al final solo nos reunimos 3, la fan de Taylor Swift, la del mal rato, y yo. Para no ahondar mucho tuvimos una velada preciosa, super entretenida y larga que hasta se convirtió en pijamada. Nos desvelamos, reímos, nos atiborramos de azúcar y hasta compartimos nuestro dolor.
Al punto exacto que es al que quería llegar era que dentro de este último momento, la amiga triste nos dijo por que se encontraba así, en resumida cuenta estaba en un momento crucial donde atravesaba una crisis aguda de identidad y motivo, tan propias de nuestra edad que el resto le dijimos que si no también estábamos pasando por algo igual, lo habíamos pasado o estábamos nerviosos de pasarla próximamente.
Sin el afán de compartir algo personal de lo que a mi no me respecta hablar, el asunto era que al final de cuentas la decisión de mi amiga tenía que ver con irse a un lugar lejos de aquí, con el fin de buscar sus propias oportunidades. Cargaba con todo el resentimiento y dolor que involucra puesto que además de todo lo que conllevo el poder tomar esa decisión, estaba dejando atrás muchas cosas, y pausando a su vez muchas otras que creía que continuarían. Es a lo que me refiero cuando digo que la vida es cruel e inoportuna. Lo bello es que a veces esa crueldad se ve respondida por verdaderos tesoros que encontramos en los lugares más inesperados. Que es justamente lo que espero que le ocurra a mi amiga.
Siguiendo con la confesión, lo que de verdad me sorprendió fue que fuera tan apresurado. Yo no lo sabía, pero al parecer ambas me confesaron que esa reunión era la “despedida” de mi amiga que se iba. Me quede un tanto estupefacto, nunca he sido bueno para las despedidas, y a veces puedo llegar a ser la persona mas idiota y desconsiderada del mundo, lamentablemente siempre me doy cuenta de eso cuando ya es demasiado tarde.
Por la mañana me despedí con unas palabras parcas y un par de comentarios traviesos, sarcásticos y PENDEJOS. Sin justificación, quizá fuera mi inutilidad para saber qué hacer en momentos como esos, pero lo importante fue que tuve la oportunidad de redimirme.
Esta amiga viajera es alguien que de verdad aprecio, nunca he sido alguien que se rodea de gente, que se sienta a gusto en compañía de los demás o al que le guste conocer nuevas personas o nuevos lugares; de una u otra forma estoy bien en mi mundo, en ocasiones me aventuro, y en ocasiones, esas aventuras resultan geniales, y en otras pésimas.
Por lo mismo, cuando digo que en verdad aprecio a alguien, no estoy mintiendo, ocupas un lugar en mi vida. Cuando le doy significado a algo, por lo general, queda para la posteridad.
Un par de días después hablando con mi amiga Swiftie comentamos lo mucho que nos pesaba la partida de esta amiga, que aunque sabíamos que era temporal, también teníamos en cuenta que cuando compró el boleto de ida no compro uno de regreso.
Le confesé sinceramente que me encontraba apesadumbrado por no haberle podido expresar unas palabras más serias, más nobles, más significativas.
Lo que me dijo me ayudó bastante, básicamente se resume en: “Aún no es tarde”. Que si bien ya no podía regresar el tiempo y poder decírselas en el momento preciso cara a cara, todavía tenía la oportunidad de hacérselo saber, que ante todo le deseaba lo mejor. Me recordó que a veces es mejor decir lo que tenemos que decir aunque sea tarde que nunca haberlo hecho.
Al final sus palabras resonaron en mi conciencia y le mandé una serie de mensajes expresándole mis mejores deseos, tratando de transmitirle todo el amor y el afecto que le tengo para que supiera que no estaba sola en esta nueva etapa, que si bien nos separan miles de millas o kilómetros, nos tenemos presentes el uno al otro. Y querido lector, déjame decirte, que eso, el saberse acompañado, en un mundo tan oscuro y solitario como en el que vivimos, es luz, y más que luz, es fulgor.
Compartimos más texto y emojis de caritas sonrientes y pulgares arriba, cada uno nos deseamos lo mejor y terminamos la conversación. Cerré la pestaña del chat y me pregunté dónde se encontraría en aquel momento. Muy seguramente estaría en medio de la nada, en alguna carretera estatal mal asfaltada, de camino a un lugar muy lejano, rodeada de árboles secos y curiosos animalitos, viendo pasar las señales de tránsito por la ventana, mientras escucha su música favorita. Me convencí de que una parte de mi viajaba con ella, allá, a donde fuera que fuese.
Me recosté en la silla de mi escritorio y cerré los ojos, pensando en todas las cosas que no son dichas.
Good luck Charlie
💭

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