jueves, 10 de julio de 2025

LO MEJOR QUE PUEDES HACER ES SALIR DE AQUÍ


Hace unos meses la gata de una de mis mejores amigas salió embarazada. En las últimas semanas de abril una noche apacible, es probable que durante una de sus escaramuzas repentinas, esta gata cuyo nombre olvide, se haya topado con un galán de calle al que considero lo suficientemente atractivo y amable como para regalarle una noche de falso cariño. No se cuales sean los estándares de la gata de mi amiga, pero para toparse y darle entrada a un callejero desconocido cualquiera tal vez requirió la ayuda del alcohol y la necesidad de afecto. En fin, después de esa noche la gata volvió a su casa, su barriga comenzó a crecer hecho del cual mi amiga se dio cuenta unas semanas después, con pesadumbre tuvo que resignarse a que terminaría siendo la abuela de una nueva camada de nietos en un par de meses.

Curiosamente por esas fechas yo estaba en el proceso de mudarme a una casa de renta en la capital del estado. Esos días fueron de conflicto continuo, nunca he sido una persona a la que le pesa la soledad, pero esas fueron semanas duras, donde la parte ingenua de mí creía que el proceso de adaptación sería mucho más sencillo y ameno. Una parte de mi creía fervientemente que era lo que necesitaba, y en parte lo era, pero otra simplemente se negaba a sentirse bien, esa parte de todos que sobrepiensa y que a veces le encuentra figuras extrañas a las sombras durante la noche.

Llegado cierto momento trate de encontrar consuelo en la compañía del grupo de amistades cercanas que vivía en la ciudad, fueron tal vez muy pocas ocasiones en que nos reunimos y pasamos tiempo de calidad, pero fuera de eso me ofrecieron un gran punto de apoyo y soporte para lidiar con todas las emociones que estaba sintiendo en el momento.

En algunos de esos chats y reuniones platiqué mucho con una amiga sobre la idea de adoptar una mascota. Algo que para los que me conocerán de cerca tal vez resulte increíble. No soy una persona dedicada a los demás, tal vez suene horrible, pero soy una persona muy, pero muy, celosa de mi tiempo, en general, puede que me veas y no esté invirtiendo mi tiempo en algo productivo o en cualquier cosa en absoluto, pero me pesa bastante el hecho de no tener control sobre la decisión de lo que podría estar haciendo en el momento inmediato. Esto me ha llevado a una cantidad asombrosa de problemas personales, desde el ámbito familiar, social, académico y hasta romántico. Tuve discusiones muy fuertes con mis parejas e intereses románticos anteriores por el hecho de ser alguien que no es capaz de regalar desinteresadamente un poco de su tiempo en pos de los intereses o la conveniencia de los demás. Pero bueno, dejemos la parte de juzgarme de lado y volvamos a la cuestión principal.

Platicando con esta amiga sobre la posibilidad de adoptar un nuevo integrante de la familia que me aportara cierta compañía y cierto sentido de la responsabilidad en un momento de crecimiento como en el que me encontraba, me sugirió, o más bien me ofreció, regalarme uno de los cachorros de su gata. Le di bastantes vueltas a la idea  hasta que decidí que tal vez era momento de madurar, así que acepte la propuesta, el único inconveniente era que me puso la condición de que no me lo entregaría hasta pasados unos 2 o 3 meses, tiempo en el que ya estuvieran un poco más desapegados de su madre y además ya se alimentarán de solidos, yo acepte sin problemas, crei que era tiempo suficiente para prepararme y hacerme a la idea de que mi vida cambiaría por completo.

Pasó un mes muerto, donde los caminos inciertos se empezaron a cerrar por motivo de un acontecimiento importante, que fue que me ofrecieron trabajo en mi ciudad de origen, eso involucraba tener que echar vuelta atrás a todos los planes que me había hecho y a todas las intenciones que tenía en el momento. Me pesó mucho pero volví a casa de mis padres, lo bueno al menos era que no tenía que preocuparme por deudas tan grandes y por tener que lidiar con una vida adulta completamente en solitario.

Todos los sueños, así como la propuesta de mi amiga, quedaron en stand by, se pausaron en pos de ocupar mi tiempo en un trabajo donde me tratan como esclavo. En fin, las semanas pasaron y el asunto del gatito quedó en el vacío detrás del telón de las prioridades.

Hace unas dos semanas, en alguna de esas “mensajeadas” me habla y me dice: “Oye, ¿Cuándo piensas venir por tu gato?”. Fue suficiente para decir, sabes que, tal vez el momento haya llegado por fin. Fui por ella (pues la única condición que yo le había puesto era que quería una hembra) y la nombre “Cookie”; no me pregunten por qué, simplemente sucedió.

Cookie es una gata de aproximadamente 2 meses y medio que es una espina enterrada en el culo. Tiene toda la energía y curiosidad que caracterizan a un gato bebe. En serio, en ocasiones me saca de quicio y parece que le encanta jugar con mi paciencia y mi tolerancia. Como nuevo adulto estos son dos conceptos con los que empiezas a coquetear de las maneras menos amables posibles. Si no tenía tiempo ni oportunidad para dormir, ahora lo tengo menos. Quisiera que observarán las noches en que empiezas a corretear por todo el cuarto, mordiendo cables y tirando cosas a diestra y siniestra, rasguñando cada pedazo libre de mi piel y dejando sus olores y pelos por todos lados. A veces me planteo la posibilidad de si resulta factible regresarla, pero en otras ocasiones simplemente la veo dormir y me pierdo embelesado en mis pensamientos.

Llega un momento en la vida en que te das cuenta que hay cosas más grandes que tu, cosas más importantes, más significativas. Cosas que valoras y que quizá no comprendas, pero al final, son cosas que pones en una balanza y que resultan ser lo suficientemente dignas y valiosas como para entregarles tu ser, tiempo y dedicación; cosas en las que depositas tus sueños y esperanzas, y a las que les entregas el corazón.

A este curioso momento yo suelo llamarlo punto de no retorno, puesto que te topas con un sentido de fe que no sabias que existía, y mas allá de eso, del que no sabias que tenias la capacidad de sentir y profesar. La fe es algo curioso, es un concepto contraintuitivo, que va en camino opuesto al del raciocinio, pero, raramente, es un concepto que aprendemos a aceptar al cual es, con todos sus dilemas y sinrespuestas.

He sido una persona que siempre se ha cuestionado su capacidad para creer, para tener fe. Siempre ha sido más un conflicto que un salvamento. Pero llega un momento en el proceso de madurez donde percibes algo diferente, estas diferencias suelen ser puntos de vista que solo llegan con dos cosas, la experiencia, y la aceptación de nuestra incapacidad para poder encontrar respuestas a todo en el mundo.

Mi madre siempre me dijo que era cuestión de tiempo. Ella al ser una persona tan creyente tenía la certeza de ello y yo solo la tiraba a loco en cada oportunidad que tenía. Ahora volteo a ver a Cookie y empiezo a tener un molesto cosquilleo en una parte de mi conciencia que no soy capaz de identificar, ni de describir exactamente. Es algo que me limito a dejar ahí en completa tranquilidad, por que es lo que la fe te ofrece como respuesta, tranquilidad ante la incertidumbre, y de incertidumbre está lleno el mundo. Así como de otras cosas.


Por cierto, jamás creí que mantener una mascota sería tan costoso, y a penas es una bebe…


Por otro lado, hay más cosas y temas de los que me gustaría hablar pero tal vez no encuentre tiempo en este corto espacio que me di para escribir. Lo bueno es que no se me ha olvidado que existe este lugar, pensar en ello me inspira a seguir viniendo en un futuro con más ahínco y determinación, espero seguir encontrando estos momentos, y espero también que sigas ahí querido lector, nada me hace mas feliz que saber que sigues ahí. El mundo de las letras no sería igual de no ser por ti.


🐈

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